Anti Puntaje

Una trattoria con todas las letras

9
Tortilla
8
Empanadas
9.2
Ravioles de tiburón
9
Bife de chorizo
9
Fucciles scarparo
8.5
Super Napo
8
Flan
9.2
Budín de pan

SOLIDARIDAD BODEGONERA

Hace aproximadamente 2 meses, estábamos revisando los mensajes privados que nos llegan a la casilla del Antigourmet en Facebook, cuando de repente leímos esto:

¡Hola chicos! Hace 7 años que tengo una Trattoria, hacemos y servimos comida como la de antes. Estoy en Palermo (sinónimo de caro y poco). Me gustaría que nos visiten. ¡Seguimos en contacto! Gracias por la onda. César.

Siempre es complicado encontrar buenos lugares en Palermo. Está claro que es uno de los polos gastronómicos más grandes de Capital, pero está minado de gourmets. Entonces las probabilidades de encontrarte con pasos, maridajes, espumas y jengibres … aumentan considerablemente.

De todas formas, nos hemos encargado, durante estos 4 años y pico de existencia, de buscar y reseñar un montón de lugares palermitanos que cumplen con las expectativas de la Comunidad Antigourmetera. Léase: mozos de profesión, comida honesta, simple, abundante, a buen precio, salón limpio y familiar, etc.

Así fue como encontramos algunos boliches. Ña Serapia. Club Palermo. El Eros. El Preferido. El Alvear. Oviedo. Herrmann. El Trapiche. Cangas del Narcea. El Rincón Parrillero. El Bochín. Don Niceto. Incluso conocimos uno de los límites del antigourmetismo: el Perón Perón y sus guisos.

Pero… nunca está de más sumar un lugar nuevo en este hermoso barrio, que supo tener una vida social y vecinal impresionante, mucho antes del aterrizaje de los hipsters, las barberías, las yogurterías, las empanadas en frasco y los adictos a los cupcakes (tendencia peligrosa hasta para un foodie).

En Palermo convive todo. Pero últimamente la organización mafiosa conocida como la GG (Gilada Gourmet) ha estado haciendo estragos y teníamos que hacer algo al respecto. Habiendo dicho esto, con la presencia confirmada del equipo completo y con la invitación de César en la bandeja de entrada, queda claro que era un buen momento para conocer un nuevo lugar. El tema, es llegar al lugar.

UN HELIPUERTO POR FAVOR

Lluvia. Palermo. Estacionar.

Tres palabras que en la zona nunca se encuentran en la misma oración. Hay que ir con paciencia o meter el tutú directamente en un coso de estos que te lo guardan por un ratito… dícese: cochera, estacionamiento, guardería de carromatos, amarre de cortesía, helipuerto. Todo viene bien.

Si decidís dejarlo el auto en la calle, tenés que tener suerte para encontrar lugar cerca, pero además podés toparte con: un trapito que te lo cuida, una grúa que te lo acarrea, un borracho que te lo choca, un quemacoches que te lo quema, un hipster que te lo roza con la barba, e infinidad de cosas más. En Palermo puede pasar cualquier cosa. Ojo al piojo.

Nosotros estacionamos a la vuelta. Y corrimos como locos para no mojarnos. Por suerte, nos esperaba un buen morfi.

No se veía un pitulín.

DE MÁQUINAS PESADAS Y UN POLISALÓN

La Molina es una trattoria.

Según Wikipedia: es un local o tipo de restaurante en Italia. En las trattorias no se sirve comida bajo un menú, se paga por cubierto (coperto), el ambiente es informal y relajado. Los precios de las comidas son bajos. El nombre proviene de trattore que en italiano significa ‘preparar’.

Según Google: es una fonda o pequeño restaurante de estilo italiano.

Según Mati: es un lugar donde se venden tratores y alguna que otra cosechadora.

Podés tomar la definición que más te guste, pero entrar en La Molina es como transportarse a la casita de una Mamma. Un lugar chiquito, pero acogedor al mismo tiempo. Tranquilo y sin toda la parafernalia de los lugares que tiene alrededor.

La Molina funciona en varios saloncitos. Apenas entrás te topás con un patio al que le están haciendo un cerramiento, así que cuando lo terminen va a ser un lugar precioso para cenar en invierno. Seguís caminando y entrás por una galería… bah, no… en realidad entrás por una puerta y esa puerta te lleva a una galería que tiene una estantería con un par de cajas de vino y algunas mesitas.

Después pasás al salón principal que es donde está César atendiendo la caja, unas cuantas mesas y una gran estantería llena de vinos. Es bueno aclarar que, en La Molina, tienen una linda oferta de tubos para todos los presupuestos. Seguimos girando en U, y está el ingreso a un saloncito más pequeño que tiene un techo más bajito. Así que ojo si sos familiar de Shaquille O’neal porque te podés dar un cocacho contundente y te perdés la cena.

Hay mesas con manteles a cuadros, botellones llenos de corchos, sillas muy cómodas y una ventanita mirando al patio.

Nosotros nos sentamos ahí y tuvimos la suerte de ser atendidos por una moza.
Y ella, fue uno de los mejores hallazgos de la noche.

LA MOZA INSPIRADORA

Es complicado encontrar mujeres laburando de mozo (digamos mozas) en un bodegón. Claramente es un rubro copado por los hombres. Si buscamos en “encargadas/dueñas” está lleno de ejemplos: Flor del Perón, Lore de Norte, la Tía Sandra, Martita y muchísimos próceres más.

Pero mozas… no hay tantas.

Para nosotros, la número 1, es Karina de Mamma Silvia. Una verdadera topadora atendiendo el salón y el perfecto complemento con Marce, su hermano.

También hay una muy buenas mozas en el Bar de Cao y en el mismísimo Perón Perón. En Gimnasia y Esgrima de Vélez Sarsfield solamente atienden mujeres y hacen un laburo tremendo con unos 120 cubiertos por noche.

Hasta hace poco, en la Bonpland también había una moza genial, pero creemos que se fue para la Gran Hollywood. Habrá que rastrearla. Y también hay una excelente moza en El Viejo Tucho, que lo retó al dueño porque no se quería tomar un champucito con nosotros.

En fin, cuando a la personas que te atienda le gusta hacerlo bien, se nota en el servicio. Sin ninguna distinción de género. Y por eso va nuestro saludo para todas las mozas de bodegones, cantinas, clubes, parrillas y sucuchitos que recorremos. Está bueno reconocer el laburo que hacen y agradecerles por tantos buenos momentos.

Bueno, pasada la reflexión, les contamos que nos olvidamos el nombre de la moza… pero se pasa de amable.

Nos explicó cada ítem de la carta, y eso que nos agarró en una noche de muchas indecisiones. También nos recomendó lo que mejor sale y nos explicó cuáles platos eran para compartir. Una paciencia tremenda y con un ritmo tranquilísimo. Eso tampoco es simple de conseguir en Palermo.

Si llegás medio acelerado, con su voz dulzona y de bajos decibeles, te baja 3 cambios en 10 minutos. Y una vez que te tiene dócil como un cachorrito, te hace el pedido. Le pedimos un par de cositas para arrancar. Y acá vamos con el morfi.

ENTRADAS

EMPANADAS DE CARNE
Pedimos una para cada uno, más uno. O sea 6.
La que sobró fue a parar a las fauces de Facu. Vienen fritas, bien cargaditas y están de re chupete. Linda sorpresa para arrancar la noche.

TORTILLA A LA ESPAÑOLA
Después de pedirla, JP dijo:
“Che, pedimos una tortilla a la española en una trattoria, medio boludos, no?”
Y… algo de razón tiene, pero bueeeeno, es la costumbre vió.
La tortilla tenía una buena dimensión (alcanzó para que todos picoteáramos) y vino babé como a nosotros nos gusta.

Mientras terminábamos la tortilla, algo nos llamó poderosamente la atención.

Abajo del TV que pasaba un partido de fútbol, había unos cuantos hombres debatiendo efusivamente. Se ve que eran clientes habitúes porque estaban super panchos, como si fuese el living de su casa.

Eso a nosotros ya nos gusta mucho porque solamente un lugar donde:
1) te atienden bien
2) se come muy rico
logra ese nivel de relajación bodegonera.

Las posturas de algunos de los comensales lo decían todo.
Y nosotros, que somos buenos observadores, ya tenemos catalogadas algunas de ellas. A saber…

YOGA DE BODEGÓN – POSTURAS CORPORALES DE UN ANTIGOURMET

1) Liberen al Cinto
La más afamada forma de relajación abdominal de la historia. Para un bodegonero que está terminando de comer, el cinto no es un aliado. Deja de funcionar como un sostenedor de pantalones y se transforma en otra especie: el preCinto. El preCinto ajusta al comensal y puede ocasionar asfixia de panza. Por eso, cuando veas a un comensal que tiene el cinto suelto, no pienses que no le importa un joraca la vida, sino que el tipo está volviendo a respirar. Si no lo hace… se muere y chau comensal.

2) La Silla Extra
Secuestro express de una silla sin usar de la mesa de al lado, para ser utilizada como apoya brazo. Simple de reconocer porque vas a ver al comensal abrazando al hombre invisible.

3) Una Prenda Tendrá
Surje cuando un bodegonero, lleva sus manos a la panza, entrecruza todos sus manos y comienza a jugar inconscientemente al Don Pirulero con los dedos pulgares. Es una vuelta a la infancia total y generalmente aparece antes del postre.

4) La Torre de Pisa
El Comensal A se empeda, se le consume todo el calcio de la columna vertebral, se debilitan los músculos y comienza a inclinarse sobre el Comensal B, que generalmente se encuentra en uno de sus flancos.
El Comensal B tiene que demostrar lo buen amigo/a que es, porque sino el Comensal A puede pasar derechito al piso.
También puede ocurrir que el comensal B se encuentre sentado en frente, del otro lado de la mesa, y ahí la ejecución de la Torre de Pisa se torna peligrosísima porque puede provocar cabezazos de platos.

5) La Mujer de Latorre
Efecto colateral, que suelen producir la grapa o el lemoncello en exceso, cuyo efecto inmediato se ve reflejado en: opiniones variadísimas, incluso contradictorias, sobre todos los temas habidos y por haber, normalmente gritando y terminando la argumentación con un: “vos sos un gil, no sabés nada”. Normalmente el oponente se enoja y te hace cuernitos.

Estas son algunas nomás. Hay más de 30 posturas de relajación bodegoneras que ya fueron documentadas por la Asociación P.A.M.P.A. (Posturas Antigourmeteras para Mejorar la Postura de los Antigourmeteros).

A la gente de PAMPA ya le avisamos que en su nombre está 2 veces la palabra “postura” y 2 veces la palabra “antigourmet”, pero nos dijeron que las letras eran esas y que nos vayamos a comer a Tegui si no nos gustaba. Gente jodida la de PAMPA, pero hacen un gran laburo.

Nosotros saludamos con un “buen provecho” a los señores relajados y nos dispusimos a realizar el pedido de los platos principales.

PRINCIPALES

Lo primero que hicimos fue mirar la pared. Porque como nos enseñó el Dr. Pait: “si está en el pizarrón, hay que pedirlo”. Allí encontramos los siguientes platos destacados: asado, albóndigas, mila napo y una brótola.

Pero, toda regla tiene una excepción. Y esta vez, la excepción la tiró JP. El exgourmet, haciendo uso de sus habilidades de detección de cosas raras, abrió la carta (que tiene un montón de platos) y a los 5 segundos dijo:

Aaaaaaaahora sí. Ya sé que pedir.

Y no tuvimos más remedio que escucharlo cuando dijo “Marchame los…”

RAVIOLES DE TIBURÓN
Sí señores. 8 buenos ravioles de tiburón.
Nunca vistos en la historia de este equipo.

Siempre que aparecen estas rarezas, le tenemos un poco de miedo a clavarnos. Pero bueno… pedimos ravioles de tiburón. No pedimos una: suave almeja patagónica con vegetación orgánica nativa a base de cilantro, miel de abejorro en celo y espuma de alcachofas”. Pedimos tiburón.

Y la verdad, es que están buenísimos los ravioles (y bastante salitres). El gusto es bien fuerte y marcado. Como la sensación que te produce comer carne de animales salvajes (jabalí, choique, dromedario, un codorniz bien cojudo, etc.)

Matías tiró una teoría acerca del gusto de la carne de tiburón.

“Al principio está la mojarrita. A la mojarrita se la come el pejerrey. Al pejerrey se lo come un sábalo. Al sábalo se lo come un dorado grandote. Al dorado grandote se lo come un delfín. Al delfín se lo come una beluga. Y a la beluga se la come el tiburón. Y al tiburón no se lo come nadie. Entonces la carne del tiburón es la mezcla de todas las otras carnes que se fue comiendo en la cadena alimentaria acuosa. Y si mezclás todo eso… ¡olvidate! Esa carne tiene gusto fuerte, de acá a Rusia.”

Nadie le prestó atención y seguimos comiendo.

BIFE DE CHORIZO MARIPOSA LA MOLINA

“Apa, este es un mariposón”, tiró Facundo.

Y sí, ¡era un gran bife! Plato 100% para compartir. Viene con panceta, queso, crema de mostaza y un hermoso huevofrito en la cúspide. A parte, trae un platito lleno de papas pay, que fue a parar directamente a la fuente del bife donde reposaba la salsita que sobró. ¡Un po-e-ma!

FUCCILES A LA SCARPARO

Excelente plato de pasta que nos dieron ganas de probar alguno más. Caseros, gorditos, al dente. Con una salsa scarparo de la sanpetersburgo. Lindo plato para comer de forma individual (no le querés dar un fuccile a nadie). Se ve que en la trattoria le hacen honor a su nombre. Un solo detalle: el queso es de sobrecito.

El Dr. Pait se quedó manija porque no pedimos ningún plato del pizarrón. Entonces le dimos el gusto, aunque ya estábamos bastante llenos.

SUPER NAPO

¿Qué tiene la super napo? – preguntó el Dr. Pait.

La moza, se quedó pensando la respuesta una decíma de segundo y Matías salió al cruce…

Tincho, la super napo es más grande, es más potente, es más todo. Es super. Como SuperMan o el Super Sambayón Nicolo. Seguramente el empanado es mejor. Tiene más salsa. Tiene más queso. Viene con más fritas. Hasta debe venir volando con una capita roja. Además, es más cara que la mila común y como dice Andresito Garate: “si es más caro, es mejor.”

Facu dijo: es una milanesa.
Román dijo: el plato de la pavada.
JP dijo: no se dice empanado, se dice apanado.
Y el Dr. Pait cerró la discusión cuando dijo: Marchala nomás.

Al ratito llegó la Super Napo. Está buena y tiene exactamente el mismo tamaño que el plato. Todavía le falta para estar en la LJM (Liga de la Justicia de Milanesas), pero va por buen camino. A seguir mejorando los superpoderes.

EL LEJANO CINETUALÉ

Seguimos meta charla y vimos como un vecino de mesa se paraba para ir al baño. Tardó como 30 minutos. Cosa que nos llamó la atención. Pero después nos dimos cuenta que la mayoría del tiempo estuvo caminando.

Los baños de La Molina están al fooooondo de un pasillo larguísimo, que tiene las paredes decoradas con un carrete de película que dice “El ciclo del vino”. Si te estás pillando lo vas a ver, pero sino, también podés pararte a mirarlo y recorrer algunas escenas.

Nosotros recomendamos ir corriendo, porque si tenés amigos o amigas que comen mucho, cuando volvés no te queda ni un diente del tiburón.

POSTRES

Habiendo realizado unos 20 minutos de estiramiento y charla, decidimos que era momento de pedir algunos postrecillos antes de irnos a dormir.

Fuimos a las bases: FLAN y BUDÍN DE PAN. Cortito y al pie. El budín de pan es una preciosura (de sabor y tamaño) y el flancito cumple.

Lo único que tenemos para criticar es que se quedaron sin dulce de leche. ¡No nos podés hacer esto! Es como ser Lex Lutor y quedarte sin kryptonita. Pero bueno, se ve que laburaron un montón ese día y se terminó el pote. Como comimos tan rico, le perdonamos todo.

CONCLUSIÓN

La Molina está en pleno Palermo, rodeada de propuestas gastronómicas más caretas y careras. El salón te apapacha. Es chiquito pero a la vez podés hablar sin problemas. Está lejos de la vereda así que es tranquilo. Siempre que hay mesas con manteles a cuadritos rojos y blancos nos encanta.

La comida es casera y sencilla. Eso es lo más importante. Todo vino calentito, bien hecho, con una buena mano del cocinero. Las salsas son mortales. Algunos platos son para compartir y otros son individuales. Eso está bueno preguntárselo a la moza al momento de hacer el pedido. La atención estuvo pipí-cucú.

Hay platos que conocemos todos y otros más elaborados. O tal vez, más difíciles de encontrar, como los ravioles de tiburón. Pero está bueno ir probando alguna cosa nueva de vez en cuando, mientras sea casero, rico, abundante y a buen precio.

La Molina nos gustó mucho.
Y siempre está bueno encontrar y difundir estos focos de resistencia antigourmetera en pleno territorio hostil.

Muchas gracias a César por escribirnos y por recibirnos en su casa.
Ya los agregamos al Mapa de Bodegones y a la App.

Volveremo, volveremo.
Salud!