Anti Puntaje

Mmmmm. ¡Milanesas!

8.2
Muzarellas fritas
9
Tortilla a la española
9.4
Suprema a la Fugazzetta
9.8
Milanesa al Roquefort
9
Papas españolas
8
Queso y dulce
8.3
Casi-Casi-Tiramisú

En el barrio de Almagro se encuentra este diamante en bruto para todos los que nos consideramos antigourmeteros. No vas a encontrar nada raro. Pero te podemos asegurar algo: Los Orientales es una opción más que interesante, gracias a sus buenos precios, comida casera, platos simples, cantidades abundantes y buena atención.

Hay una realidad compartida entre los bodegones de este tipo. Si no te lo recomienda alguien probablemente no entrarías en el lugar. Pero… ¿por qué pasa esto? En principio, porque está en una avenida muy transitada, donde uno va atento al tránsito o a esquivar gente. Y además, tiene mucha competencia de iluminación y marketing con los negocios de alrededor. Hay que ser del barrio para conocerlo como una de las joyas de Almagro.

LA HISTORIA

La familia Saavedra mantiene el motor encendido de este lugar desde hace unos 25 años (el bodegón tiene más, pero no conseguimos esa data). Silvia es la encargada durante la semana y junto a ella hay una banda interesante de mozos, cocineros y motoqueros. Algo así como si ella fuera Leónidas y 299 motoqueros que la cuidan.

Cuenta la historia que el bodegón lo puso un tipo y que luego de varios años se lo vendió a su hijo y su nuera, para irse a vivir al Uruguay. De ahí viene el nombre, pero como no obtuvimos mucha info, tuvimos que hacer algunas conjeturas sobre su verdadero origen:

El tipo era Uruguayo.
El tipo era Chino, Japonés, Taiwanés o Bangladesí.
El tipo era Argentino, pero fanático de Uruguay y se fue a vivir allá.
El tipo vivía en Uruguay pero en una excursión al Himalaya aprendió a trascender el espacio/tiempo y podía duplicarse por las noches en Almagro.
El tipo nunca existió y el cartel lo hizo uno de los 33 orientales que hacía changas de pintura.

Así que te recomendamos hacer como en la colección de libros “Elige tu propia aventura” y elegir el origen del nombre según tus instintos, porque todas son más que probables. Incluso podés comentar en esta nota y proponer algún otro. Todo bien.

EL LUGAR

IMG-20140710-WA0024Casi siempre está lleno. No hace falta reservar, porque tampoco te vas a quedar 3 horas de sobremesa, pero en una de esas tenés que esperar un ratito para sentarte (45 segundos ponele). Tiempo suficiente para detectar a las hojas pegadas con cinta Scotch en las paredes del lugar y los pizarrones escritos con tiza, que muestran las especialidades de la casa. Es genial porque hay un montón. Y un montón es un montón, posta.

Vas a sentir un hormigueo en la cabeza. Eso se debe a que el cerebro comienza a colapsar cuando lo primero que alcanzás a leer dice: “Milanesa a la suiza con puré” y pensás, ilusamente… “Listo, me decidí.”

Minga! No te decidiste nada. Porque a escasos 43 centímetros te encontrás con otro cartel que ladra: “Escalopes con fritas”. Al toque te sorprende uno que dice: “chorizo oriental” con una barbaridad de ingredientes puestos arriba de un chorizo mariposa. Y ahí nomás, pegado medio de costeleta y con letras más gruesas tenés otro que grita: “Chivito Uruguayo Canadiense”. Y ahí se te queman los papeles. O mejor dicho, se le queman los papeles al pobre chivito. Porque ahora no sabés si es pariente de Pepe Mujica o de un Oso Grizzly. Y como venías con el tema Suiza, aparece en la ecuación Federer con un chorizo mariposa en lugar de raqueta. O puede ser un bombón suizo. ¡Una problema matemático-geográfico-culinario de altísima complejidad!

En ese momento, uno de los antigourmeteros dijo: “Ahora entiendo para qué sirve la carta”.

Toda la razón del mundo, porque cuando uno está sentado junto a una panera de plástico con grisines y manteca para untar, te traen la carta y ahí está todo ordenado, prolijo, agrupado por categorías, te avisan si es para 2 personas y tenés los precios con el signo $ alineado. Pero tratar de definir qué vas a comer leyendo veinte hojas A4 es un desafío antigourmet enorme.

Puede salir bien, pero si después ves pasar un plato impresionante de ocho metros cuadrados de superficie que se lo llevan al pelado de la mesa de al lado te vas a querer matar y no queremos que armes una escena rompiendo todas las cartulinas de la pared.

Decoración nula. Mantelería nula. Casi te diríamos que no pidas techo, pero ahí todavía zafamos, gracias a unos preciosos machimbres que dejaron de usarse en los 70. Pizarrones por todos lados es lo único que van a encontrar. Algún espejo promocional de Coca, algún cuadro de la época de María Castaña y poco más. Es claro que acá se viene a comer, no a ver el paisaje.

El ambiente es muy familiar, con habitués que cenan ahí un para de noches a la semana (y si no, deberían). Nosotros fuimos atendidos por Claudio, un mozo almagrense que no tenía ni idea de la historia del lugar, pero que es un crá en eso de recomendar platos y, sobre todo, cantidades. No se equivocó en absolutamente nada.

ENTRADA

Muzarellas fritas empanadas con salsa filetto: Vienen tres, son abundantes y están buenísimas. Lo único que le criticamos (nos estamos poniendo exigentes, qué se le va a hacer) es que en el centro estaban un poco frías. A esas tres bellezas les faltó un rato más de nado sincronizado en el aceite.

Tortilla española: muy buena tortilla para arrancar la noche. Babé hasta el cuajo y con un diámetro considerable. Comen 2, pican 4.

AHHHH… LA BEBIDA

Para tomar pedimos un sifón, hielo y vino tinto de la casa en jarra. Medio dulzón. “Abocado”, según Claudio.

Dato Anti-Gourmet: Si tu novia/esposa/amante es de esas personas que le gusta el vino blanco, es el momento de convencerla para que cambie de color. Este vino tiene un proceso Michael-Jacksonístico a la inversa. Lo tomás y parece un Cosecha Tardía blanco, pero tinto. ¿Magia? Ponele.

PLATOS

Una recomendación previa, off the record, nos comentaba que “en Los Orientales se comen milanesas”. Podemos decir que el resto es muy bueno, incluso podemos asegurar que las pastas son caseras y riquísimas (en Puerto Madero tenés que dejar un ojo de propina por unas pastas así). Pero las milanesas… las milanesas la rompen.

Suprema a la Fugazzetta con Españolas: El que sabe, sabe. Excelente por donde se la mire. Tamaño, gusto, consistencia, cocción, cantidad de cebolla, espesor de la suprema y una presentación con caída en cascada del queso incluida. Estaba tan buena que casi pedimos otra para llevar, por las dudas que nos agarrara hambre en algún momento de la semana.

Milanesa al Roquefort con papas: Acá hay que hacer una diferenciación entre el plato y el acompañamiento. La milanesa sigue la línea de la suprema. Todo el mundo sabe que es complicado que el roquefort no le tape el gusto a todo lo demás (sea una milanesa, una pizza o un flan con dulce de leche), pero estos tipos le encuentran el punto justo. Se siente ese sabor especial, pero no impide deleitarse con la carne y la fritura.

La mejor definición que surgió en la mesa fue: “esto es un hermoso despelote de milanesa”. A tal punto que uno de los antigourmeteros intentó meterse en la cocina para preguntar cómo la hacían y fue sacado a patadas por tres motoqueros que no se sabe de dónde salieron. Así que lamentablemente no pudimos llegar a conocer este secreto profesional.

Pero… siempre hay un pero, el problema lo tuvimos con las papas. El tipo que inventó esa aberración de “papa congelada” merece ser lapidado por una turba de amas de casa iracundas. ¡No son papas! Son otra cosa, ponele el nombre que quieras, pero no tienen gusto a papa. Si la naturaleza las hizo tan perfectas que las metés en aceite hirviendo y te querés comer dos kilos, ¿por qué hacer ese cuento chino que no le gusta a nadie? Y ahí es donde Los Orientales bajan un poco la puntuación: papas de mentira no van con el Antigourmet. Hay que asegurarse que al pedir sean papas posta.

POSTRES

20140710_231744Queso y dulce: Infaltable en cualquier degustación. Casi le pedimos que le ponga un poquito de salsa de roquefort, porque no podíamos dejar de hablar de eso, pero la porción de batata nos hizo olvidar por un ratito. Buen tamaño y rico queso.

Tiramisú de la casa: Se ve que es de la casa, y no el italiano. Porque es una mezcla de tiramisú y el postre de vainillas que hace tu vieja. No respeta la receta original, el mascarpone brilla por su ausencia, pero de todos modos es rico. Nosotros le pondríamos otro nombre para no confundir. Puede ser algo como “Casi-casi-tiramisú”.

 

CONCLUSIÓN

Si andás por Almagro, tenés que darte una vuelta por Los Orientales. Clavate una buena milanesa (cualquiera de las combinaciones es válida), y andate a dormir con un olor a frito espectacular. Un buen plan para cualquier día de la semana.

Un dato más: se puede pedir bebida de litro y medio (tanto gaseosa como agua)