Anti Puntaje

La santísima trinidad garpa

9
Empanadas
8
Tortilla
9.5
Guiso de lentejas
9.2
Guiso de mondongo
9
Locro
9.2
Pacú
10
Polenta con Osobuco
9
Milanga a caballo
8.5
Postres (promedio)

DE UN EQUIPO PREJUICIOSO, CÓMO DAR EL BRAZO A TORCER Y LA PEOR PRODUCTORA COMERCIAL DEL MUNDO.

A Gaby la conocimos en La Tacita de Boedo. Era nuestra 3º Juntada, la tipa cayó de casualidad, se morfó todo, la pasó re bien y cuando se fue del lugar nos dijo:

Yo laburé un montón en radio, les puedo dar una mano con la parte comercial.

A ver… hablar de “la parte comercial del Antigourmet” es lo mismo que hablar de El Yeti, el monstruo del Lago Ness, el Chupacabras, o Pietro Sorba. Ninguno existe.

Nosotros arrancamos el proyecto hace un año y pico, fuimos a comer 2 veces por semana a un bodegón distinto, pagamos en todos lados, y a eso sumale el programa de radio, el hosting, los vinilos de huevosfritos, etc., etc., etc. Como bien dice Matías cada vez que se lo preguntan:

El Antigourmet da pérdida desde que nació y está bien que así sea.

Incluso en las Juntadas que organizamos, varias veces hemos garpado nuestro cubierto. Y además hay que pagarle a los pibes de La Chispa (que parece que hacen dieta líquida un mes antes de cada juntada). O sea, más boludos comercialmente hablando no podemos ser.

Pero bueno, ese es el espíritu del movimiento Antigourmet. Es un hobby, así que las satisfacciones llegan por otros lados; cada vez más increíbles y divertidas.

En este contexto aparece Gabriela, y en lugar de ponerse a laburar de lo que nos había prometido, empezó a taladrarnos la cabeza (cosa que le sale bárbaro) con ir a comer al Perón Perón. Ella conoce un millón de lugares, pero la mayoría son chetísimos, con menú por pasos y esas giladas que criticamos cada vez que podemos. Por lo tanto, todos la ignoramos, excepto JP.

El adicto/gourmet en recuperación, olfateó la oportunidad y salió con los tapones de punta.

Yo lo conozco. El que cocina es un fenómeno. Muy lindo ambiente, podríamos ir.

JP estaba en plena recaída.

Con lo que nos cuesta mantenerlo a raya, limpio, sobrio. Con lo complicado que es calmar sus ansias de vidriera y volver con la cola entre las patas cuando le cobran 600 mangos por cabeza para comer aire. Lo único bueno de esta situación es que nos genera un contenido para el “Confieso que he pecado” de la radio y lo surtimos de lo lindo, pero no sabemos hasta qué punto se justifica.

En ese momento, irrumpió en la charla Facundo. El integrante de la célula fundamentalista antigourmetera y pilar del movimiento, salió a la cancha para expresar su fuerte opinión.

¡Yo no voy nada! ¡Caretas! – dijo el tipo, mostrando un vocabulario extensísimo y una profundidad conceptual pocas veces vista en este grupo.

Todos nos quedamos mirándolo. Como esperando a que siga, que putee, que golpee la mesa con el puño cerrado, que nos tire con algo o que presente la renuncia (algo que hace entre 7 y 10 veces por mes). Bueno… no pasó nada de eso. Simplemente se paró, fue a una heladera, abrió una cerveza y nos llenó los vasos a todos.

Gaby jugó la última carta y nos dijo que los guisos del Perón eran impresionantes. Para ese momento teníamos los huevos inflamadísimos de escucharla y cuando levantábamos la cabeza estaba JP haciéndonos caritas como un nene que quiere ir a Disney (o a ver a Piñón Fijo que es 10 veces mejor).

Así fue como, por cansancio, nos convencieron de ir a comer al Perón Perón.
Y menos mal que lo hicieron.

Ahhhh… un detalle… Todavía estamos esperando que la Productora Comercial empiece a Comercializar la Producción. Se salva porque somos gente con muuuuucha paciencia.

SOBRE LA DESTRUCCIÓN DEL MATERIAL SECABLE Y LA LLEGADA A PATA.

Llegó el día en que teníamos la reserva en el Perón y como todos los miércoles del año, nos juntamos a las 19 hs. en el Club Palermo a jugar al basquet con los chicos del Deportivo Pompillo. Ese día Román estuvo particularmente inspirado y metió 2 dobles memorables que le valieron una palmadita en la espalda de parte del Dr. Pait.

Siempre que terminamos de jugar la tribuna derecha se transforma literalmente en un campo santo. Mirás para el costado y empezás a ver cuerpos en las posiciones más horrorosas. Personas intentando elongar músculos que hace años desaparecieron o se atrofiaron. Llegar a tocarse los dedos de los pies se ha convertido en “El Desafío” y cualquiera que lo logra recibe una palmadita en la espalda de parte del Dr. Pait.

Evidentemente estamos viejos.

Lo bueno es que después nos damos cuenta que nos tenemos que ir a comer y nos vuelve el alma al cuerpo. Todos arrancamos para el vestuario para pegarnos una ducha reparadora, excepto Román que se va a bañar a la casa. Otro día ampliaremos sobre el tema porque hay muchas hipótesis al respecto.

El que peor la pasa rumbo al vestuario es Matías. El tipo se hace el boludo y trata de llegar último. Baja las escaleras despacito, camina la cancha con paso lento, se pone a charlar con cualquiera con tal de hacer tiempo. Se preguntarán a qué se debe esta actitud del reseñador del Antigourmet. Bueno, es que tiene miedo de escuchar la siguiente frase…

Che Mati, me olvidé el toallón, ¿cuando termines me lo prestás?

La frase siempre proviene de Facundo, sus 190 centímetros de estatura y sus 115 kilos. El tipo no debe tener toallas en la casa, porque no se entiende cómo mierda se la olvida siempre. Claro, Matías se termina secando las bolas como puede (olvidate del pelo, la espalda y las patas) y el otro animal agarra el cacho de tela y prácticamente la destripa.

Cuando se la devuelve y le dice gracias, la levanta del piso desde una de las esquinitas, con una cara de horror impresionante y haciendo una fuerza sobrehumana porque pesa como 9 kilos.

La toalla lo mira como diciendo:

Matame ahora loco. Acabemos con esta agonía.

Busca el tacho de basura más cercano y deposita la toalla con la mayor delicadeza que puede. A este ritual lo hemos bautizado: eutanasia-textil.

El dueño del implemento secador queda un poco triste durante un par de minutos, pero ya lo toma como algo natural. La semana pasada sacamos la cuenta y está perdiendo 870 pesos por mes en concepto de reposición de toallones. ¡Pobrecito! Se merece una palmadita en la espalda de parte del Dr. Pait.

Nos terminamos de cambiar y hacemos una parada técnica en la Cantina Palermo (que está abajo de donde jugamos). Nos tomamos una cervecita helada con los mozos, como para hidratarnos un poco y reponer las sales minerales que perdemos durante la práctica deportiva. Ahí esperamos a que Román vuelva perfumado, peinado y a la hora que se le canta el ojete (cosa que nos molesta a todos, incluyendo a los mozos de la cantina y a los pibes que juegan después de nosotros).

El lugar que teníamos que reseñar queda a unas cuadras nomás, así que decidimos dejar los autos donde estaban e ir caminando. Ahora sí, está todo listo. Acompañanos, pues, a comer al Perón Perón.

UNA FACHADA A TONO Y LA VISUALIZACIÓN DEL CILINDRO

Cuando llegás a la puerta del lugar te vas a encontrar con unas mesitas afuera. Nosotros fuimos en invierno así que ni en pedo daba para quedarse ahí, pero en primavera puede andar 10 puntos la cosa.

La puerta tiene 2 vidrios a los flancos por donde se puede ver que siempre está lleno. Por eso hay que ir con reserva. También suele haber un pizarrón con sugerencias o el plato del día. Si mirás para arriba vas a ver el cartel que dice “Perón Eva Perón”, la cara del General, de Eva, el escudo, las siglas de la CGT y, bien en el centro, la frase: “La fórmula de la patria” seguida por Resto Bar; una cosa bastante loca.

Entramos. Por la puerta, como todo el mundo.

Y ahí nomás nos agarró un ataque de pánico. Martín empezó a sacar espuma por la boca y Matías se quería ir a la mierda. El tema es que arriba de cada una de las mesas, y a plena vista de todos, se encontraba una de las peores enemigas del Antigourmet: ¡La vela!

Ese cilindro de cera que produce luz mediante una mechita es un símbolo que presenta serias contradicciones con nuestro modo de vivir el morfi. Apenas nos sentamos, Facu la apagó violentamente y se nos quedó mirando fijo. Claramente no era el mejor terreno, pero apareció una moza y nos dijo:

Si no la quieren me la llevo.

¡Epa! Sentido común. ¿Quién lo diría?

Bueno, llevala nomás y destrozala con un bate de béisbol.

Pasamos del susto a la tranquilidad, porque en el lugar percibíamos una atmósfera de buena atención. Pelamos la libretita y, como hacemos siempre, empezamos a anotar todo lo que veíamos alrededor.

EL PERONCHÍSIMO SALÓN

La verdad es que la cuestión política no nos calienta, porque nosotros te caemos a comer nomás. Así que en ese sentido toda la temática del Perón Perón no nos mueve el amperímetro a la hora de reseñarlo. Digamos que ni suma, ni resta, ni multiplica, ni divide, ni te hace una regla de 3, ni un factorial, ni una raíz cuadrada. Ni siquiera una autosuma de Excel. Ahora bien, si sos peronista seguramente te sientas en Disney.

Te vas a encontrar con frases peronchas a morir, grafitis, un bombo, muchas fotos y mucha gente con campera marrón en las fotos. Si te vas al fondo, después de la barra, podés comprar algún souvenir para ese tío amante del General y hasta visitar un altar dedicado a la memoria de Evita que se encuentra exactamente en el medio del salón.

Bueno, exactamente es una forma de decir, porque la fisonomía del lugar es un verdadero desafío a las leyes de la arquitectura antigourmetera. El salón es grandote y entran 80 personas. El techo es sostenido por 2 columnas, una de las cuales tiene el altar en su base. También hay una un par de mesas que están elevadas como en una tarimita de madera. Más atrás está la barra, donde hay gente comiendo. Y al fondo hay una mesa grandota, como para 8 personas. Ahí comimos nosotros.

Las mesas y las sillas son de madera. ¡Pero ojo al piojo! En algunas mesas también hay banquetas para comer en mesas bajitas. A esas hay que tenerles cuidado porque no son del todo cómodas cuando uno morfa a reventar como nosotros.

En una banqueta, los gluteos se encuentran a pocos centímetros del piso. Por lo tanto, el centro de gravedad baja súbitamente. Cuando vas por el postre, la panza creció en volumen y llegar al plato se empieza a volver una tarea complicadísima.

Si te toca comer en una de estas mesas ratonas, vas a tener que recurrir a la conocidísima técnica denominada “El Péndulo Antigourmetero”. Consiste en depositar todo el equilibrio del cuerpo en el coxis (que sería el hueso de arriba del ocote) y con un leve movimiento oscilatorio, vas a notar como el tambaleo te permite ir y volver del plato sin mayores riesgos.

La única contra que tiene El Péndulo es que generalmente produce mareos en la gente que tenés alrededor tuyo, que comienzan a sentir la sensación de estar en un velero en pleno océano Atlántico. Pero bueno… todo no se puede. Utilizalo con prudencia y vas a salir airoso del asunto.

Habiéndonos acomodado y en proceso de adaptación… volvió la moza que se había llevado la vela y nos dejó la lista de platos para comenzar a elegir. Listo, vamos a la cancha.

UNA CARTA DIVERTIDA PARA LEER

La carta es una madera con dos tornillos (con sus correspondientes arandelas) que sujetan firmemente las hojas. La mayoría de los nombres de los platos van con la temática. En cuanto a nombres, el panqueque Cobos se lleva todos los premios de originalidad.

No te vamos a poner todos los que hay, ni una foto de la misma porque lo genial es ir y cargase de risa con las ocurrencias para las entradas, los platos, los postres y las bebidas. Hasta los tragos tienen nombres creativos y temáticos. Vaya y lea que pa’ eso la hicieron.

Sí te queremos contar que hay 4 tipos de cervezas:

  • Evita: la rubia más querida.
  • Montonera: roja y revolucionaria.
  • 17 de Octubre: negra y peronista.
  • Doble K: extra fuerte.

Pero uno de los fuertes del Perón Perón son los vinos. Hay para todos los gustos. Incluso, como le dan mucha bola a algunos productores regionales, te podés encontrar con ricos vinos que capáz nunca probaste. Lo mejor es preguntar.

Nosotros tomamos el Domingo Hermanos, un vinito salteño que ya habíamos probado en Ña Serapia y va como trompada de loco. Vimos la damajuana de 4,65 litros y nos enamoró. También podés encontrar los vinos Tintonegro, que es una bodega que se copó con el Antigourmet y nos regala las botellas para cada Juntada.

La cuestión es que estábamos decidiendo qué pedir de entrada cuando de repente, apareció el dueño.

EL GONZALO

Gorra verde. Mucho pelo saliendo de abajo de la gorra verde. Una barba tupida y en escala de grises, que van desde el blanco Ala hasta el negro Rada. Una remera apretada (que nos hizo recordar a Facundo jugando al basquet*), jeans y zapatillas.

Así que ustedes son los Antigourmet. Los quería conocer.

Estas fueron las primeras palabras que cruzamos con Gonzalo Alderete Pagés, el salteño que está al mando de la cocina del Perón Perón.

El tipo tiene cara de bueno. Posta. Debe tener unos 40 pirulos pero sigue teniendo muecas, actitudes y gestos típicos de un pibe de 12 años. Te mira siempre a los ojos, te habla despacio aunque el salón está hasta las bolas de gente, te cuenta porqué compra tal vino y te cuenta que está chocho con su pacú.

Habla con Martín sobre qué empanadas pedir, con Facundo sobre las velas, con Román sobre los tipos de comensales que le caen en el boliche, con JP sobre los tiempos de cocción de los guisos y con Matías sobre cualquier boludez atómica.

10592954_10152376257572677_6828252013080402076_nSimpleza.

Eso es lo que transmite Gonzalo cuando te ponés a hablar con él. Y viste que a nosotros la simpleza nos puede. Pasaron unos minutos, se disculpó con nosotros, nos dijo que después volvía para charlar un rato más y se metió de nuevo en la cocina.

Cuando se fue, Matías anotó en la libretita algo que nos pareció importante: “Gonzalo estaba transpirado”. A veces uno piensa que el dueño de un lugar que está de moda aparece más para figurar y caretearla que otra cosa. Bueno, este no es el caso. El tipo está en la cocina todo el tiempo.

Nota de color: unos meses después, el Anti organizó una Juntada en el Perón Perón. Gonzalo cocinó para los 80 comensales y de pedo lo agarramos 1 minuto para darle un aplauso, dijo gracias y se mandó de nuevo para la cocina. Evidentemente vive ahí adentro.

Prueba, experimenta, se divierte… y claro, ¿qué otra cosa puede hacer un chico de 12 años en el cuerpo de un adulto más que jugar? Y ahí radica el éxito del Perón Perón. El tipo ama lo que hace, y por eso la comida está re contra mil buena.

Es por eso que llegó el momento de hablar del morfi.

*Nota del reseñador* Facu piensa que todavía tiene 18 años y usa las mismas musculosas con las que jugaba en Los Indios de Junín; y bueno… le quedan un poco amatambradas.

ENTRADAS

EMPANADAS: están de re chupete y sirven como para ir arrancando el motor. No son gigantes, pero lo que tienen de bueno son los rellenos. Hay de osobuco, de cordero, de queso, de gallina y alguna más. Todavía seguimos debatiendo cómo carajo saben cuando es de gallina y cuando de pollo, pero son cosas que se las podemos dejar a los biólogos que saben más del tema. Las de osobuco son algo que hay que probar.

TORTILLA A LA ESPAÑOLA: también es un plato que sirve como apertura de esófago. No te vas a llenar ni en pedo, pero lo bueno es que los ingredientes que le ponen están buenísimos. Ponele, el chorizo colorado, es chorizo colorado posta. Tiene unas rodajas arriba por las que se armaría quilombo en cualquier mesa antigourmet.

Si son 2 personas, pueden pedir la tortilla o cuatro empanadas como para arrancar. Si tienen hambre pueden reemplazar la “o” por una “y” (en la oración anterior). Nosotros eramos 8. Pedimos 16 empanadas y 2 tortillas. Las de osobuco generaron discordia, pero estuvo más que bien para empezar.

UN LUGAR APTO PARA TESTEO DE FUTURA PAREJA

Habiendo arrancado con el morfi y a la espera de los platos grandes, nos pusimos a mirar en salón nuevamente. En el escaneo detectamos muchas parejitas, algunas de ellas propinándose arrumacos variados. Ahí caímos en la cuenta de que el lugar es apto primera cita.

El Perón Perón está recontra ultra super mil aprobado para el testeo de futuros bodegoneros/as. Por varias razones, pero principalmente porque es un equilibrio entre un restaurante de la pomada con comida de la no pomada.

A ver… te damos un ejemplo (desde la sesgada óptica masculina de este equipo).

Estás en Palermo, la minita entra al salón, ve las velitas, los individuales, la luz tenue, se toma un trago, se divierte con la carta, se sienta en un puff, las mozas tienen todos los dientes y de repente… ¡ZAS! Le pedís una polenta con osobuco y ahí observás la reacción.

Un test de la Cosmopolitan, diría algo así:

a) Si se ríe -> es la mujer de tu vida.

b) Si pide doble porción de osobuco -> es la madre de tus hijos.

c) Si abre los ojos y finje un mareo -> paguen a medias y no la veas nunca más.

d) Si te pregunta qué es el osobuco -> denunciala al INADI.

e) Si te pide compartir el plato -> quiere guerra.

f) Si te pide compartir el plato con la mina que tiene al lado -> puede ser una gourmet encubierta que quiere comer solo 1/3 del plato (igual recomendamos avanzar y ver qué onda).

g) Si no quiere el plato -> bueno, le pifiaste espantosamente.

h) Si come la mitad y pide que le envuelvan las sobras para llevar -> proponele casamiento, ya no se consiguen mujeres así.

Por este motivo, el Antigourmet declara al Perón Perón como un BAPILAC (Bodegón Antigourmet Para Intentar Llegar Al Coito). Continuemos con la reseña.

PRINCIPALES

Estábamos medio manijeados después de las entradas, así que empezamos a pedir a lo bestia. Como estamos acostumbrados. Así fue como llegó a nuestra mesa lo que se conoce en el Perón como la Santísima Trinidad de Guisos.

1

GUISO DE LENTEJAS / GUISO DE MONDONGO / LOCRO

Bueno, acá es donde el Perón Perón se convierte definitivamente en un lugar Antigourmet. Las cazuelas vienen hirviendo, buenas porciones, con ingredientes de muy buena calidad y un sabor fabuloso. Siempre decimos que la comida más rica siempre es muy calórica. Bueno, este es otro ejemplo de ello porque el humito que sale te hace transpirar como loco.

Seguramente el olorcito te haga recordar muchas comidas con tu familia. Los guisos tienen ese poder de teletransportación inmediata. Gonzalo nos contó que le lleva unas 7 horas en promedio prepararlos. Ojalá nunca se le agote la paciencia al tipo.

POLENTA CON OSOBUCO: uno de los mejores platos que probamos durante el 2015. A ver si somos claros… es algo perfecto. Sería comparable con tener un problema eléctrico en tu casa y tener el celular de McGyver para que te lo venga a arreglar. Sabés que no puede haber nada mejor en el mundo.

Viene en una cosa de acero con 2 manijas, bien caliente y con una salsita que tenés que pedir una nueva panera cada 5 o 6 cucharadas. El osobuco de deshace. Lo podés comer con cuchara nomás que no pasa nada. Sacarle el centro al caracú, para seguir con la analogía, sería como… no, mejor no meterse con McGyver a ver si tenemos un quilombo. Un plato impagable. Vaya, pruébelo y después nos cuenta.

MILANGA NAPOLITANA A CABALLO: siempre que podemos testeamos esta maravilla de la cocina argentina. Más que nada porque es uno de los parámetros antigourmeteros por excelencia y porque es raro que nos clavemos pidiendo una milanesa. La pedimos a caballo y como Gonzalo sabía que nuestro logo era un huevofrito le metió triple dosis. La foto habla por sí sola. Maravillosa pieza de museo.

Estábamos tan compenetrados comiendo los guisos, la polenta y la milanga que no la vimos llegar. Se paró en la punta de la mesa enérgicamente, levantamos la cabeza, la miramos y así fue como conocimos a la otra mitad del Perón Perón.

LA FLORENCIA

Los rulos al viento, la boca pintada de rojo, unos ojazos y una sonrisa casi-permanente. Camperita, musculosa, jeans y unos zapatitos con tacos para ganar unos centímetros. Dicen que detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran mujer… bueno, en este caso se podría decir que Florencia Barrientos Paz no está muy atrás de Gonzalo, sino más bien al lado de él, acompañándolo día a día.

Ella es la que se encarga de la administración del Perón. Los proveedores, el personal, las reservas, las cuentas y todas esas cosas que nosotros como somos puros comensales siempre ignoramos que suceden detrás de un negocio gastronómico.

1901438_10152021078632677_870332724_nGracias a Flor, el barbudo de Gonzalo encontró el espacio que necesitaba para hacer lo que le hace feliz. Y acá está la otra mitad del éxito del Perón Perón: el amor que se tienen.

La mina además es psicóloga, atiende pacientes y da clases en una universidad. Son esas virtudes que solamente las mujeres tienen. De transformarse en pulpos y hacer rendir el día. No se sabe cuando duerme, pero ahí está. Sentadita atrás de la barra, haciendo que la cosa funcione.

Se sentó cono nosotros, se sirvió una copa de vino y charlamos un ratito sobre el restaurante, y cómo les cambió la vida cuando decidieron agarrar la administración. Se ve que hace unos años, el Perón Perón estaba bastaaaante venido a menos. Cuando le ofrecieron a Gonzalo hacerse cargo, la primera semana el tipo volvía llorando a la casa del cagazo que tenía. Pensó que se había equivocado, que había miles de cosas para mejorar y arreglar, que iba a ser todo demasiado cuesta arriba y estaba cagado las patas. Como nos pasa a todos cuando empezamos algo nuevo. El miedo paraliza.

Y mientras nos sigue contando la historia, vamos notando cómo se emociona, se casa los lentes y le brillan los ojos.

Una noche, después de un par de meses de puro renegar y hacer mil cosas dentro del restaurante, Gonzalo se le apareció en la habitación mientras ella dormía y le dijo:

Ya sé lo que quiero ser en el Perón.

Flor estaba re contra mil dormida, así que hizo un esfuercito para mirarlo, darle bola al loco de Gonzalo y decirle… Buenísimo, ¿Y qué querés ser?

Quiero ser el cocinero.

Y desde ese día, Gonzalo se encerró en la cocina y empezó a generar magia. Dejó de lado los demás quilombos y se enfocó en meter cosas adentro de una olla. Ese fue el momento exacto donde el Perón empezó a ser el Perón. Donde un simple guiso le pasó por arriba al concepto de peronismo. Donde la comida empezó a ser más importante que la temática. Donde Gonzalo encontró eso que lo hace feliz. Y donde Flor se hizo cargo de todo lo demás para apoyarlo incondicionalmente.

La comida une a la familia, y vaya si funciona bien en este caso.

POSTRES

Después de tanta dulzura amerita hablar de postres. Y esa noche le dimos de lo lindo. Repasemos…

QUESO Y MEMBRILLO: linda feta de membrillo y media finita la de queso. Ojo, el queso estaba buenísimo pero nos quedamos a mitad de camino.

ARROZ CON LECHE: siempre es bueno encontrar lugares que ofrezcan arroz con leche. Nuestro amigo JJ Perdomo, desde la ciudad de Campana, siempre nos agradece cuando detectamos alguno porque no suele escasear este postre. Acá lo podés pedir con o sin canela. Y la peroncheada viene por ese lado, porque te ponen como un molde arriba de la copa y te arman un Perón Vuelve (PV).

FLAN CON DULCE: estaba rico pero estaba tan perfectito que nos dio cosa destrozarlo. El flan está bueno que te lo corten medio a lo guaso y si le vas a poner dulce de leche tiene que ser tipo catarata. Digamos que en todos lados pedimos un flan y nos han caído con de todo, por eso estamos acostumbrados a otra cosa más contundente.

MOUSSE DE CHOCOLATE: se lo hicimos testear al experto chocolatero del grupo, el Dr. Pait. El tipo agarró el instrumental quirúrgico, levantó un pedacito, se lo puso en la boca y dijo: “la mus está fulera”. Obviamente que nadie le creyó, pero el tipo seguía insistiendo. Nosotros siempre decimos que buscamos la honestidad gastronómica, por eso mismo no nos quedó más remedio que llamar a Gonzalo. El barba cayó, la probó y dijo: “posta, no está buena esta mus”. El Dr. Pait recibió el título de Rey de la Mus y Gonzalo se recibió de Sincero. Todo sea para mejorar.

LA REPENTINA APARICIÓN DEL PLATO DE LA PAVADA

Ya eran cerca de las 12 de la noche, el lugar estaba empezando a vaciarse, Gonzalo estaba más tranquilo y se sentó en nuestra mesa para charlar un rato más. Nos contó algo de la historia, de sus comienzos, de su infancia, pero lo genial ocurrió cuando JP le preguntó por su plato preferido en el Perón.

Yo estoy orgulloso del pacú que sirvo. Es más, lo tienen que probar. Ya vengo.

PACÚ: es un plato para compartir entre 2 personas (o con vos mismo si estás muerto de hambre y vas a comer eso solo). La verdad que Gonzalo tiene razón porque lo carancheamos y nos gustó a todos. Viene con unos tomates con cositas arriba y unas cuantas papas fritas.

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Y así fue como minutos después de los postres, nos estábamos clavando un pacú. Siempre la misma historia. La otra vez en O’toxo nos clavamos un pulpo después de postrearnos con una leche frita. Venimos bárbaro con el orden de los platos. Siempre pensamos que si Mirtha Legrand un día nos invita a comer, definitivamente cancela el programa y se retira de la TV.

Y mientras cerrábamos la noche y pedíamos la cuenta, empezó a sonar la Marcha Peronista.

EL GONZALO Y LA FLORENCIA

Como siempre, nos quedamos últimos en el lugar haciendo sobremesa. Se sumó Florencia un toquecito, sentándose frente a Gonzalo y pudimos ver, en vivo y en directo, lo que se quieren estos dos eternos tortolitos.

El tipo empieza a hablar de cómo elige los vinos y la Florencia lo mira como embobada. Ladea un poco la pera, baja los hombros y lo observa. Creemos que no le interesa en lo más mínimo el tema de conversación. Ella simplemente lo admira y lo apoya.

Y al revés pasa algo parecido. Porque cuando ella le tira algún piropo por lo rico que le salió algún plato, el Gonzalo se ruboriza un poco, baja la cabeza, esconde los sentimientos abajo de la gorra y se queda calladito. Pero cuando terminan de hablar de él, vuelve a mirarla y le sonríe; y te lo podés imaginar diciendo telepáticamente: “cómo me conocés”.

Sabemos que es todo un logro poder laburar con tu pareja porque lo tenés que ver todos los días. A veces en rutinas medio chotas, a veces enojado con un proveedor, a veces caliente porque un servicio falló, a veces con ganas de matar a un comensal (como nosotros que somos re densos preguntando mil cosas todo el tiempo).

Pero ellos hacen que funcione y eso, a veces, es inentendible a través de la razón. Simplemente sucede cuando hay esa química especial entre dos personas que se aman. Ahora que lo pensamos, debe ser por todo esto, que en el Perón Perón hay un ambiente romanticón dando vueltas.

CONCLUSIÓN: EL LÍMITE DEL ANTIGOURMETISMO.

Cuando nos estábamos yendo, se dio esta conversación entre el equipo y Gonzalo.

Bueno, un gusto conocerlos, ¿qué les pareció entonces? – preguntó el dueño.

La verdad que todo muy rico, lo vamos a recomendar. – dijo Román.

Me voy con unos cuantos prejuicios menos. Creo que el Perón puede llegar a ser el límite del Antigourmet. – dijo Matías.

Me gusta eso. Yo siento lo mismo y trato de estar siempre en el límite. – replicó Gonzalo.

Y es así nomás la cosa. El Perón debe ser el bodegón que más “de moda” está en Argentina, así que desde ya te podrás imaginar que estábamos como locos y nos costó mucho ponernos de acuerdo para reseñarlo. Sentíamos que nos estábamos metiendo en un quilombo cuando vimos las velas, los puffs, el altar y todo ese mini-show peronista.

Pero todos los prejuicios se te caen cuando probás el morfi.

Los platos son normales en tamaño, pero el sabor, las calorías condensadas, los ingredientes, el calor y el humito, las especias y el amor que le pone Gonzalo de alguna manera te llega al corazón. Tampoco es un lugar barato. Nosotros lo pusimos en “Me quiero dar un gustito” y pagamos unos $300 por cabeza, pero comimos todo lo que reseñamos. Por ahí sin algún plato de entretenimiento te sale unos mangos menos.

Lo volvemos a decir. No es nada simple que un lugar que se llama Perón Perón y venía arrastrando una historia de atención medio pelo, sea revalorizado más por su comida que por su temática.

No vimos gente descontrolada con este tema tampoco. Matías se la pasó toda la noche mirando para la vereda, para ver si alguien dejaba atado un pingüino en algún poste de luz. Pero no che. Nada de eso.

Había un par de sacados pegándole a la mesa cada vez que pasaban la marcha, otros cantaban, otros no hacían nada, otros miraban y se reían, otros los ignoraban, otros seguían morfando. Nos quedó bien claro… no es un bunker político, es un restaurante.

Si te das una vuelta, mandales un beso a el Gonzalo o a la Florencia. Seguramente te vas a dar cuenta quiénes son porque cada vez que pueden se andan mirando con cara de enamorados.

Creemos haber encontrado un bodegón en el límite. Y la verdad, estamos muy contentos de haber llegado a ese límite y encontrarnos que la comida honesta hecha con muchísimo amor, sigue siendo la base del proyecto Antigourmet.

¡Salud y Viva Perón carajo!

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