Hay lugares donde las cosas se vuelven anacrónicas, donde cualquier postal tomada en cualquier momento de la historia resulta parte del presente.

En esos lugares las cosas siempre tienen el mismo nombre, la soda es soda (y es en sifón), el vermú es vermú, la picadita es la picadita; nadie habla en idioma de agua con gas, aperitivos y tapeos. En esos lugares el cheddar no es una opción, eso es de otros lados; los tragos no se llaman cocktails y mientras que hoy en día personalizar el producto según el deseo del cliente es lo más pro de las reglas del marketing, en lo de Raúl hace más de tres décadas (abrió en 1987) que la cosa funciona así:

Para este con un sustito de soda, para aquel con una rodaja de limón.

Siempre tuve una fascinación especial por este tipo de bares, que en una época solo eran concurridos por hombres, sólo porque la cultura los habilitaba al placer y a la diversión desde hace rato. Por suerte el tiempo ubica, porque lo esencial no cambia pero lo NECESARIO sí y es ahora donde lo que necesariamente debió haber sido, por fin ES.

Y cuando pasé la puerta por primera vez, Raúl me recibió con una sonrisa y la palabra mágica “BIENVENIDA” y me invitó a participar de su mundo, que también es el mío, porque todo lugar que tenga una historia para contar me pertenece.

Desde hace 37 años el BAR RAUL se encuentra en una mítica esquina de Cañada de Gomez.

Ni restó, ni bistró, ni lounge, ni nada raro… Raúl tiene un BAR. Y con un cartel en letras bien grandes para entrar y saber por quién preguntar.

Porque acá la atención al cliente se hace cara a cara, con el codo en la barra o en la mesa de laminado gastada por las marcas de los vasos, esas marcas que cuentan historias antes de que las escuches. Es uno de esos micro mundos donde se sabe lo que pasa afuera, pero más se sabe lo que pasa adentro.

Esos lugares que fundaron el concepto de “after office” desde antes de que exista, donde no sólo no se llama after, sino que tampoco recibe solo a los de la “office”, recibe a todo aquél que entienda que la contraseña para ser parte es saber disfrutar de los placeres alcanzables y que la felicidad es la suma de micro momentos felices en lugares donde somos alguien.

El BAR RAUL es un oasis en tiempos de estrés. Es un paraíso no contaminado por promociones de tarjetas de crédito, es volver un rato a la vida de los que fueron antes que nosotros, y eso hace bien.

Belén Catena
Antigourmetera en Santa Fe
@belencatena