CHUCK NORRIS NO CONOCE BERAZATEGUI

Viernes 26/09. El equipo Antigourmet estaba en plena recuperación por el festejo del Día del Salchichón Primavera, que es el 21 de septiembre claro está. Nos pegamos una panzada atómica y costó recuperar la capacidad pulmonar una semana completa. En eso aparece Martín, nuestro GPS culinario y nos dice: “El Amanecer. Berazategui. Cumple 66 años. ¿Vamos?”

Y ahí nomás empezamos a organizar para hacer el viajecito. Porque nosotros siempre salimos a morfar los miércoles a la noche y algún que otro viernes después del programa de radio, pero Beraza nos quedaba un toque lejos para ir a la noche, así que decidimos hacer el viaje al otro día, sábado al mediodía. Se aceptó la moción y quedamos en encontrarnos en lo de Martín tipo 11 de la matina.

Resultado: 3 de 6.

¡Un desastre! El recuento de integrantes arrojó: un dormido, un resacoso y a Chuck Norris (desaparecido en acción). Ningún problema. El día estaba precioso, puro sol, sin una nube. Siendo las 11:15 am, el 50% del equipo estaba en la autopista Buenos Aires – La Plata, arriba de un Gol, escuchando Kusturica. Aclaremos que para un antigourmet, los sábados a la mañana generalmente no existen. Evidentemente, para Chuck tampoco.

AUSENCIA DE LUZ VERDE Y UN MARTILLO AGOTADO

Llegamos a Berazategui, capital nacional del vidrio. Hicimos unas cuantas cuadras desde la autopista hasta nuestro destino y en el camino nos frenaron unos 492 semáforos. A ver, si alguien conoce al programador semafórico de Beraza que nos pase el celular, porque tenemos un par de cosas para decirle.

Ahora bien, en cada semáforo que frenábamos, Matías detectó la presencia de un aviso, pegado con un clavo a los postes de madera. Si recorrimos 100 cuadras, había 100 avisos. Una máquina de martillar el tipo. Y el avisito decía: “¡DESTAPO TODO! Pero todo, todo. Pozos sépticos más que nada”. Lo bueno en comunicación siempre es llamar la atención y después aclarar. Este tipo lo entendió perfecto. Atención busca-talentos o gente que se le tapó el baño.

APÁRCAME DESPACIO QUE ESTOY APURADO

Arribamos a nuestro lugar de almuerzo, bastante muertos de hambre. Ninguno había desayunado así que Martín entró al estacionamiento de El Amanecer a unos 190 km/h. Los dos acompañantes queríamos abrir la puerta y tirarnos a la carrera. Pero cuando nos disponíamos a cometer semejante acto de imprudencia, apareció Jorge y se interpuso frente al tutú.

Aclaración: estuvimos a 2 segundos de llevarlo de paseo en la trompa del Gol hasta Capital.

El gran Jorge Clemente es el señor acomodador profesional de automóviles del lugar. El tipo nos explicó cómo era la cosa, nos condujo hasta un lugar apropiado para dejar el auto y nos hizo bajar nuestra reconocida ansiedad culinaria. Jorge hace aproximadamente 5 años que realiza este trabajo (en realidad puede ser entre 3 y 14 años, no se sabe a ciencia cierta y hay hipótesis encontradas). Pero de cualquier modo, hay lugar para unos 60 autos, así que con eso ya les damos una idea de que acá viene un montón de gente a morfar.

¡QUÉ SALONCETE PEGÓ EL AMANECER!

Entramos y a los 2 pasos, volvimos a entrar. Es que hay como una doble puerta. Pero al toque que pasás la segunda de ellas, aparece una bella recepcionista que si reservaste te lleva hasta tu mesa y sino reservate también (porque en ese momento había lugar, a la media hora se re contra llenó).

El salón es enorme y se nota en un primer momento cómo se fue ampliando el lugar con el correr de los años. De hecho, una de las pistas es la iluminación. Vas a ver luces dicroicas, campanas, plafones, fluorescentes, un reflector de cancha, un par de faroles, linternas, velas y unas 3700 luces de emergencia colgadas por todo el recinto. ¡Qué se corte la luz tranqui que en El Amanecer seguimos comiendo!

Como dijimos, es un ambiente enorme. Pero además, atrás de todo y como esquivando la cocina, hay otro salón más. Si está lindo también se puede comer afuera (anoten los fumadores).

Lo primero que llama la atención es una super vidriera que brinda una vista espectacular de la parrilla y sus dos parrilleros trabajando. Mucha gente nos recomendó entrarle a la parrillada completa, pero la dejamos para otro día.

Manteles, hielera de metal, panera de cuerina, aire acondicionado, TV con el noticiero en mudo (mejor así), música tranqui que no molesta para nada y jamones colgados por todas partes. También vas a encontrar un par de antigüedades preciosas, como una máquina de triturar granos de hace mil años.

LO PRIMERO ES LA FAMILIA, Y LO SEGUNDO TAMBIÉN

El Amanecer está abierto desde 1948, que fue año bisiesto (dato importante si los hay). Para tomar dimensión del momento, podemos decir que ese mismo año Ceilán se independizó de Inglaterra, se lanzó el primer long play de vinilo, se empezó a vender la Polaroid y lo mataron a Gandhi.

La cuestión es que mientras todo esto ocurría en el globo terráqueo, a Don Antonio se le ocurrió abrir un bar. El mismo funcionaba para despacho de bebidas y también para picar algo. Pasó el tiempo, el negocio se fue haciendo cada vez más popular y apareció su hijo Roberto, más conocido como “Tito” entre los vecinos. 

Tito, le compró el fondo de comercio a su padre y arma un tridente gastronómico junto a sus hermanos: Mario y Chola. También se suma para laburar codo a codo su cuñado y amigo, “El Pampa”. Le metieron mucho trabajo entre los cuatro, comenzaron las ampliaciones del lugar y se fueron sumando un montón de empleados, al mismo tiempo que auemntaba la familia política.

Hay un personaje que tuvo mucho que ver en la fama de esta empresa familiar. Ella es la abuela Gracieta (sí, Gracieta con T). ¿Por qué? Porque era la encargada de amasar los ravioles caseros. Y hubo un momento donde todo el mundo que iba a El Amanecer se pedía un platazo. Una maravilla la nonna.

En 1992, El Pampa vende su parte y el negocio queda bajo las riendas de los hermanos. Mario y Tito siguen al frente hasta que en el 2006, orgullosos de sus logros y con ganas de unas merecidas vacaciones, deciden retirarse. Ahí pasa a manos de sus hijos: Jorge y Rosa (hijos de Tito) y Omar (hijo de Mario) que ya están cumpliendo 8 años al mando del barco.

Estos lugares, tan emblemáticos de algunas localidades, se construyen gracias a la constancia y a millones de horas de trabajo. Porque desde 1948 hasta el 2014, nos podemos imaginar por todas las que han pasado y sin embargo, el espíritu siempre es el mismo: “buena comida, no bajar la calidad, mantener los precios bajos y atender a la gente cordialmente”.

En una de las paredes hay una foto gigante de la familia. Esa imagen es la piedra fundamental de El Amanecer y cuando Jorge nos cuenta la historia, se puede ver la emoción y el orgullo que siente por su querida familia, y por su negocio por supuesto.

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La familia, inmortalizada en la pared de El Amanacer.

SOLICITUD DE UNA ROTONDA Y UNA MOZA FABULOSA

El ambiente es 100% familiar y tipo 13 hs. ya estaba prácticamente lleno. En ese momento fue cuando sugerimos la creación de una rotonda en el acceso a la cocina. Es que los 30 mozos andan a las chapas y con doble sentido de circulación. Nos contaron que hay planes de construir una autovía para los mozos más veloces, pero mientras tanto aconsejamos comprarles cascos. Impresionante el servicio y la rapidez con la que te atienden.

A nosotros nos tocó en suerte María Florencia. Super buena onda y siempre atenta a todo lo que necesitábamos. Nos recomendó platos, nos explicó si eran para compartir, nos contó parte de la historia del lugar y, aunque tenía un montón de trabajo, nunca nos dejó de dar charla y sacarnos las dudas con una sonrisa.

De todos modos, notamos que el 100% de los mozos tienen buena onda. Para compararlo con un servicio de capital, podemos decir que la forma de atención es como “Lo de Carlitos”. Te tratan super amablemente y son un montón. Hombres y mujeres. Algunos con mucha experiencia y otros que están haciendo sus primeras armas.

Incluso vimos a varios clientes que llegaban y se saludaban a los abrazos con su mozo. Clientes, empleados y dueños forman una gran familia y eso es fundamental para un antigourmetero de ley. Es lo que buscamos siempre, sentido de pertenencia a un lugar, buenas historias y grandes amigos.

ACÁ NO HAY INFLACIÓN

Acostumbrados a los precios de capital, es increíble cómo cambian las cosas a unos pocos kilómetros de distancia. Vamos directo a los números:

Servicio de mesa: $10 / Milanesa a la napolitana: $40 / Empanada: $8 / Sorrentinos de jamón y queso: $65 / Parrillada para 2: $190

Jorge, el dueño del lugar, nos contó la premisa fundamental desde que su viejo abrió el lugar: “Comida simple y lo más barata posible”. Y se mantienen firmes en sus convicciones, aunque a veces cueste mucho. Elogiable por donde se lo mire, porque sinceramente, 40 mangos una milanesa es una genialidad.

Y para los ultra pijoteros, tenemos un dato tremendo que encontramos en la carta. Te pedís una porción de albóndigas, que vienen 2 unidades por $15 + unos huevos duros, también por 2 unidades a $5. Total $20 más el servicio de mesa y listo el pollo. Te podés dormir una siestita con 2 albóndigas con huevo en la panzota. ¡Épico!

ENTRADAS

Antes de pasar a los platos, vamos a hacer una aclaración de las bebidas. ¡Tienen todo! Hay Coca, Pepsi, Sprite, 7Up y toda la línea de aguas saborizadas. La coca de litro y cuarto sale $25. ¿Sifón? Más vale que también.

Empanadas fritas de carne: pedimos 2 per cápita. Carne picada, aceitunas a morir y un litro de jugo Baggio completo. Espectacular el derramamiento que produce el primer mordisco. Recomendamos babero o piloto de lluvia. Las empanadas son bien suaves y con un lindo tamaño; para arrancar están perfectas.

Tortilla de zapallitos: nos llamó la atención que tengan como recomendada de la casa una tortilla de zapallitos. La pedimos y no nos defraudó. Huevo, morrón, cebolla y una plantación entera de zapallitos. Joyeli.

Buñuelos de verdura: queremos aclarar que no los probamos. Pero Rubén, nuestro vecino de mesa fanático de los bodegones, nos dijo: “es lo mejor que hay acá, las tienen que comer”. Las pedimos, PERO YA NO QUEDABAN MÁS!!!! Impresionante cómo vuelan, así que evidentemente deben estar mortales. Vaya, entre, solicítelas y después nos cuenta.

PRINCIPALES

Suprema a la Suiza: importada de Ginebra por el mismísimo Roger Federer. Cuando la ves llegar, automáticamente pensás que se te va a complicar para terminarla. Jugosa, cosa algo rara en una suprema. Papas fritas cortadas a mano, todas distintas, lo que nos puso chochos. Un verdadero deleite era la salsa blanca, que fue comparada con una pista de esquí de Los Alpes por su extensión (aunque ninguno conoce Los Alpes más que en fotos). Si sos de buen comer, pedite una solito; si no, podés compartirla tranqui. ¿La guarnición? Descomunal montaña de fritas.

Matambre a la pizza: llegó un poco frío, le pedimos a Flor si lo podía calentar y volvió tibio. La conclusión fue que la cocina estaba cerca de Quilmes. Lo mandamos de vuelta y volvió calentito, calentito. Sabor riquísimo, tiernizado. Es un plato abundante, aunque viene sin guarnición (pero si tu compañero se pidió una suprema tenés papas fritas como para compartirle a 3 mesas a la redonda).

Sorrentinos de jamón y queso: fue una recomendación de Flor y la verdad que la pegó. Son 9 unidades preciosas. La masa casera y super rellenos. Al dente. No te va a dejar a gamba este plato. La señorita también nos recomendó pedirlos con salsa rosa y estaba bien suave, ideal para el paladar femenino. Recuerden que pueden agregarle albóndigas si alguno quiere volver reptando a la casa.

POSTRES

Budín de pan: es… ENORME. Nos levantamos hasta la barra para pedir explicaciones sobre el tamaño del mismo. Seguramente las porciones son cortadas por un agrimensor, usando un plano de AutoCAD para guiarse. ¡Mamadera! Deberían poner las medidas en la carta, así uno no se asusta cuando lo ve aterrizar.

Flan ahogado: teníamos información previa sobre el Flan desde antes de salir a la ruta. Nos habían dicho que nos reserváramos un lugarcito para él. Cuando vimos pasar uno de ellos y aterrizar en la mesa al lado simplemente chequeamos la veracidad de la fuente. El flan es una isla inmersa en un océano de dulce de leche. Cecilia Acevedo, una antigourmetera de Facebook, nos había advertido sobre esto, ya que su hermano un fin de semana terminó en el estacionamiento buscando aire. Pero sinceramente no pensamos que estaba tan bueno. Casero, con agujeritos, grandote. ¡Golazo!

Queso y dulce: pedimos Mar del Plata y batata. Linda porción, pero estábamos en plena destrucción del plato cuando cayó ÉL…

POSTRE “AMANECER ESPECIAL”

Cuando avisamos por las redes que estábamos comiendo acá, varios antigourmeteros nos exigieron comer este postre. Y más vale que nosotros no vamos a contradecirlos. Pero ahora, después de haberlo pedido, podemos decirles que se re contra zarparon en hacernos comer esto sin avisar lo que era.

Viene en un plato hondo. ¡Posta!

Son 4 gustos de helado (frutilla, dulce de leche, chocolate y americana). No queremos mentir, pero debe estar cerca de los 3/4 kilo de helado seguramente. Todo bañado en salsa de chocolate y de dulce de leche. Crema en la parte superior y una frutilla haciendo cumbre. También vas a encontrar 6 obleas clavadas.

Las mesas de al lado nos miraban de reojo, pero nos hicimos los superados. Un Antigourmet, ante todo, siempre está predispuesto a hacer un papelón. Agarramos una cuchara cada uno y empezamos con el ataque a tres zonas distintas. El helado nos vino al pelo, porque estábamos re atorados con los platos principales.

Íbamos viento en popa, pero de pronto, Martín dice: “che, me acabo de tragar una manzana”. Empezamos la investigación profunda del caso y para nuestro asombro, excavando una de las laderas, encontramos una ensalada de fruta completa, con kiwi y todo. ¡Ah pero qué locura!

Seguimos charlando, seguimos comiendo y seguimos siendo observados por las mesas vecinas. En eso, Juan Pablo dice: “che, me acabo de comer un cacho de flan”. ¡Jodeme! Y así fue como encontramos un flan enterrado 8 cm. debajo de la capa externa de helado. Sinceramente, estábamos para acostarnos a dormir una siesta en ese mismo momento. No había chances de retorno a la capital en el estado tristísimo en que nos encontrábamos.

TECIIIIITO

Pero nos salvó Flor. Claro, nos vió cabeceando la mesa y tratando de terminar el poco helado que quedaba con la frente, se apiadó de nosotros y nos ofreció un tecito digestivo. Llegamos a la conclusión de que sin el tecito, nos hubiésemos acostado en la autopista a la espera que un Scania nos pase por arriba.

Mientras nos tomábamos el té, se acercó Flor y un par de mozos a saludarnos, a preguntarnos cómo nos había parecido la comida y el lugar, nos contaron unas cuantas anécdotas y terminamos de convencernos de lo buena gente que son todas las personas que laburan en esta empresa familiar.

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Flor, que nos atendió 11 puntos

CONCLUSIÓN

El Equipo Antigourmet está tratando de reseñar en principio los bodegones y cantinas de Capital Federal, más que nada porque nuestra salida fija es el miércoles a la noche. Pero nos entró el gustito de meter un viajecito aunque sea un finde por mes. Todos conocemos lugares en distintas ciudades, pero como Equipo Antigourmet (los 6 integrantes) hemos visitado lugares geniales en Lanús, Ramos, Areco, La Plata y ahora podemos agregar Berazategui a la lista.

En “El Amanecer” nos encontramos con la calidez de una familia enorme, que se desvive por atender a los comensales con mucha dedicación y amor al trabajo. Mozos grandiosos y calidad en la comida. Es una fija para ir un finde y disfrutar de una comilona a precios irrisorios. Nos quedamos con las ganas de los buñuelos, así que esperamos volver pronto a testearlos.

Gracias por abrirnos sus puertas y un agradecimiento especial a Kevin (el bisnieto del fundador) por el laburo de contarnos toda la historia de la familia completa. Un brindis por esa gran familia y felices 66 años de vida. ¡Salud!