UN DATO INEXACTO

En todos estos años de salidas a bodegones, nos llovieron recomendaciones de lugares para visitar y reseñar. Pero siempre nos asombramos por lo minuciosos que son los mensajes.

Por ejemplo. Nos escriben cosas como…

“Che, manga de dementes, tienen que ir a lo del Viejo Poroto, en Berazachussets. Pidan los ravioles con almóndigas y un flan de postre. Y mejor si los atiende el Flaco Ochaispuru. Le falta una falange. No estacionen en la casa de al lado porque el viejo se enoja y te raya el auto con un cuchillo Tramontina. ¡No se olviden de pedir las almóndigas!”

Otro caso:

“El otro día me acordé de ustedes. Fui a comer a La Choza del Mutante en El Ortondo y me pedí una milanesa que medía 3 metros cúbicos. Agreguenlo al mapa caretas!”

O el ya épico caso de nuestra amada Alicia de Temperley:

“Vayan, tienen que ir. Yo fui y comí espectacular. No dejen de ir. Vayan.”

Alicia nos sigue desde hace 6 años. Una vez por mes nos manda un bodegón nuevo pero nunca nos dice el nombre, ni la dirección, ni un puto dato que permita encontrar los lugares que recomienda. Amamos a Alicia.

En fin… la exactitud del relato boca a boca es una de las mejores cualidades que tiene la Comunidad Antigourmet. Podríamos decir que la recomendación tiene una precisión quirúrgica.

¡Acá todos compartimos!

Sin guardarnos ningún secretito, ningún dato, ninguna ventajita. Es parte de esa honestidad que siempre buscamos y defendemos.

Las recomendaciones llegan por todos lados. La web, por mail, por Facebook, por Instagram, por Youtube, por Twitter, en La Esquina… siempre que sale el tema del Anti, nos terminamos llevando de regalo algún lugar nuevo para conocer.

Es lo lindo de ser Antigourmet.

Nos apasionan esos momentos alrededor de una mesa, riéndonos y compartiendo la vida (y el morfi) con otros. Lo bueno de esto es que si sos Antigourmet, seguramente tenés más de un lugar para recomendarle a otro. Y eso nutre a la Comunidad permanentemente.

De hecho, la OLISSS (Oficina de Lugares para Ir Si o Si Señores) tiene un documento clasificado con todas las recomendaciones. Hay como 1.000 lugares que todavía no visitamos. No nos va a alcanzar la vida para hacerlo y eso nos deja tranquilos.

Claramente, hay un mundo poblado de bodegones, cantinas, parrillas, clubes, chiringuitos ruteros y cualquier otro tipo de sucuchito donde se respira esa forma de entender la  gastronomía que tanto nos gusta. Y en cada uno de ellos, hay por lo menos una historia para conocer (a veces más de una).

Es realmente un universo interminable el que estamos conociendo. Es tan inmenso que el otro día nos llamaron de Marvel porque “les resultaba un quilombo” entender todo lo que hicimos alrededor de los bodegones.

Viniendo de unos tipos que hicieron 18 películas con un protagonista que solamente pelea revoleando un escudo… es un halago.

Dentro de este universo de recomendaciones, hace unos años (15/04/2016) nos llegó el siguiente mensaje:

“TIENEN QUE IR A LO DE NATO,  ES ESPECTACULAR.”

Alfredo

Intentamos encontrar el lugar, pero nunca pudimos rastrearlo. Pensamos que había cerrado o que nos habían pasado mal el lugar. Nos olvidamos del tema hasta hoy, que nos dimos cuenta por dónde venía el malentendido.

UN HOMBRE INAMOVIBLE

Nato vive en La Facultad. Se podría decir que es el mejor alumno de toda la ciudad de Avellaneda.

El tipo no tiene celular; no lo necesita.

“Si ustedes me quieren encontrar, vengan a La Facultad. Estoy acá todo el día.”

Esa es la razón por la cual mucha gente conoce a esta esquina como “Lo de Nato”. De ahí viene el malentendido. El verdadero nombre del bodegón es “La Facultad” y queda en Belgrano al 800, justo frente al Hospital Fiorito.

Claramente, no íbamos a encontrar jamás en la vida a este bodegón, buscándolo con el nombre del dueño. ¿Qué dirección tendrá Nato en su DNI? ¿Su casa o La Facultad? Es una buena pregunta. Vamos a ver si logramos descubrir la respuesta a lo largo de esta reseña.

EL SALÓN Y UNA CLASE DE INGENIERÍA

Apenas entrás en La Facultad hay algo que te llama la atención: una luz verde perimetral.

Técnicamente es una tira de LED que da vuelta por todo el salón, dando la sensación de que sos un mosquito adentro de uno de esos aparatos que tenían en las pizzerías y los achicharraban.

En las paredes hay pinturas, mezcladas con banderines y una foto de Maradona llorando desconsoladamente que es épica. En la mesa se comentó que el Diego lloró después de comer un plato de pastas en La Facultad. Incomprobable.

Hay una bocha de camisetas de fútbol. Por supuesto destacan los vecinos de Racing e Independiente, pero también hay de Arsenal, Boca Unidos, Dock Sud y Deportivo Armenio. Incluso hay una firmada por Grondona, nos inclinamos, besamos el anillo y seguimos.

En cada pared hay una tele sintonizada en distintos canales. ¿Sintonizada? ¿Se dice así? Bueno, ni idea, usted me entiende. La cuestión es que dependiendo para donde uno se oriente, puede ver fútbol, el noticiero, una novela o el mundial de Fornite. Hay para todos los gustos.

Un cartel sobresale entre toda la decoración. Es Gardel diciendo: “la mejor carne del mundo.” No tiene nada que ver con nada, pero ahí está. Por esto también amamos los bodegones.

 

Pero la verdadera magia a nivel salón, ocurre con la iluminación. Hay como 50 juegos de luces colgando en el techo, formando una telaraña. Te recomendamos seguir cualquiera de las líneas de luces hasta su lugar de origen: la columna central del salón. Ahí vas a ver una de las obras de ingeniería más monumentales de la historia del bodegón. Porque metieron aproximadamente 20 zapatillas, con 5000 enchufes de las luces, y cada uno de ellos con un aparatito para subir y bajar el volumen de la típica canción de villancico navideño.

Nosotros estábamos presentes cuando se encendieron las luces.

Empezó a sonar el famoso: Jingle Bells, Jingle Bells, Jingle all the way! en tonos de juego para niños con musiquita japonesa, de esos que te derriten el cerebro. Y el dueño del lugar se subió a una silla para bajarle el sonido. UNO X UNO. No terminaba más. Había como 50 controles de volumen ahí arriba.

 

Cosas que pasan en un bodegón y que un gourmet jamás lo entendería.

Ey! Basta de tanto chusmerío. Vamos a sentarnos.

LAS MEJORES SILLAS QUE USAMOS EN MUCHO MUCHO MUCHO TIEMPO

La mantelería (bordó y blanco), las servilletas y los vasos están impecablemente colocados. Los cubiertos, ¡son todos iguales! Una cucarda que no todos los bodegones pueden colgarse.

DATO: en la mesa ya tenés los escarbadientes. Ideal si te faltan más de dos dientes o si por casualidad sos familiar directo del gran Minguito Altavista.

Apenas apoyás el traste en la silla, te llega el efecto tranquilizador de la ergonomía. Las sillas son de madera y tienen el espaldar alargado y de forma redondeada.

Por lo tanto, te sentís protegido a los flancos. Seguro, envuelto. Digamos que si te está por dar un ataque hepático, estas sillas te defienden la zona. Además tienen el plus de contar con un asiento mullidito; pompis felices. Un 10 para las sillas de La Facultad.

Las sillas son un 10

Las sillas son un 10

Estás acomodado y de repente: EMPANADAS.

Nato se mueve con sigilo felino. No notamos su presencia y de repente aparecieron 5 empanadas arriba de la mesa. Mezcladitas: carne, jamón y queso, capresse (sí, siguen existiendo). La panera es abundante, pero recomendamos  no entrarle hasta los principales. Contenerse es menester es momento de pedir.

ENTRADAS

Sr. Nato, discúlpeme, ¿usted podría traerme la cuenta? – se escucha decir a la señora de la mesa vecina con un respeto total por la investidura facultativa del dueño del lugar.

Nato lleva la cuenta y pispea la conversación de nuestra mesa. Estamos en pleno debate acalorado sobre las entradas. El tipo nos dice: “vamos muchachos, vayan definiendo”, como si estuviésemos en un entrenamiento para goleadores. El pedido surte efecto y nos decidimos volando.

Pedimos un plato de rabas (porque estaban a buen precio) y una tortilla española; también tienen en la carta con queso, con jamón y con espinaca.

La rueda fue testeada por JP, nuestro experto mundial en el tema. De buen tamaño, fue desmenuzada, olfateada, probada repetidas veces y finalmente catalogada como: “Mooooi buena!”. Sale babé por defecto, cosa que siempre nos hace felices.

Un minuto más tarde llegaron las rabas. Crocantes, frescas y contamos 18 unidades. Cetra pidió una rodaje de limón, lo tomó cuidadosamente, lo colocó sobre las rabas y al apretarlo, todo el líquido salió dirigido en un ángulo de 36 grados ascendente, directo al ojo de Mati. Buen limón para combatir la miopía.

Mientras le operaban de urgencia el ojo izquierdo, el reseñador se puso a hablar con el dueño.

EMOSIDO ENGAÑADOS

Nato es Correntino, más precisamente de Mercedes, los pagos del Gauchito Gil. Pero a nosotros como nos gusta más el morfi, tenemos otra historia para contar de su ciudad. Porque Mercedes tiene en su nombre una historia que tiene mucho que ver con los bodegones.

Originalmente, el lugar se llamaba “Paiubré”. De hecho, entre los correntinos, todavía se utiliza coloquialmente para referirse a la ciudad, de la misma manera que se utiliza “Taragüí” para nombrar a toda la provincia.

El Paiubré es un río que se alimenta de otro río: el super caudaloso Corriente. Y como es el que más agua le saca, los lugareños lo bautizaron Pai (entraña interior), u (comer y a veces beber), bé (más).

Por lo tanto, Nato es oriundo de una ciudad que puede explicar el caudal de un río porque “comió y bebió demás”, como muchas veces pasa en su bodegón.

Para nosotros, uno de los dueños con más cara de bueno que conocimos en nuestra recorrida. Te recibe con una sonrisa tranquila, te asesora con los platos, habla un ratito pero sin molestar y cuando cuando emprendés la retirada, te saluda como si te conociera de toda la vida.

Sigamos con la vida de este Correntino.

Llegó a Capital a los 18 años y su primer trabajo fue en este mismo restaurante. Nos cuenta:

“Un amigo me dijo que venga hacerme unos mangos hasta que me pueda acomodar. Entré como che pibe y acá estoy. Ya pasaron 35 años. Me engañó totalmente el guacho de mi amigo.”

El lugar está desde mucho antes de la llegada de Nato. En 1937 ya funcionaba alimentando a los vecinos de Avellaneda. En el 84 entra Nato como bachero. Y en el año 2002 pasó a comandar el timón del restaurante. Ya van 17 años de la Gestión Nato, con el tipo siempre al pie del cañón.

¿DE DÓNDE SALE EL NOMBRE?

El nombre viene por una combinación de dos importantes íconos de la ciudad: Racing (el cilindro está a 3 cuadras del lugar) y el Hospital Fiorito (está justo en frente).

La Academia representaba al equipo, pero La Facultad logra darle continuidad a la temática educativa de la zona. Y por otro lado, los dueños pensaron: ¿A dónde te recibís de médico si querés laburar en el Fiorito? En La Facultad. Clin, caja.

PRINCIPALES

Le pedimos a Nato que nos recomendara sus platos preferidos. Nos nombró 10 u 11, como para armar un equipo legendario, como el de Mostaza Merlo en el 2001.

– Los platos son para compartir?

preguntó Nico.

– Naaa, ustedes son jóvenes. No van a andar compartiendo.

respondió Nato con clase

Así nos picanteó el dueño de casa, en otra clara muestra de la cintura bodegonera adquirida en todos estos años. Pedimos cuatro platos. Y fueron llegando en este orden:

ALBÓNDIGAS CON PURÉ: Dos bochas contundentes, con una salsa de primera y un montón de puré con manteca. Un plato que debería comerse una vez por semana obligatoriamente. El equipo le puso un 9,5 de promedio.

PECETO AL DISCO: Como buenos juninenses, cualquier cosa que venga “al disco” ya nos pone de buen humor. El gustito que tienen las comidas al disco nos trae muchos recuerdos de nuestra ciudad y cada vez que encontramos esta opción en la carta la pedimos. Viene con papas y batatas. Un platazo.

MILA NAPO: Es difícil que a esta altura nos sorprenda una mila, pero la de Nato lo logró. Una exquisitez. Carne de primera, salsa de primera, queso de primera, tamaño de primera, fritas de primera. Esta mila se merece la Selección. ¡Atenti Scaloni!

PENNE RIGATI DE CAMPO: Acá Nato ya empieza a dar indicios de su facilidad para inventar nombres que no tengan un carajo que ver con nada. Un talento natural que es muy difícil de encontrar en los bodegones. La pasta viene tapada una salsa de camarones, mejillones, tomate, brócoli y un montón de ajo. O sea, si son penne rigati de campo, podemos agregar que el campo está re contra mil inundado.

ÑOQUIS A LA BRAILOVSKY: ¡APA!

El comando central de la JUIRA se comunicó con uno de los integrantes de la mesa a través de un celular Nokia 1100 para avisar que se encontraban emocionados y expectantes ante el hallazgo de Brailovsky. Un plato posiblemente ruso o ucraniano, amigo de Gorvachov y defensor a ultranza de las ideas antigourmeteras.

Pero todo se vino abajo cuando le preguntamos a Nato el origen del plato.

– Che Nato, de dónde viene Brailovsky?

– Ni idea, se lo puso el cocinero. Es crema, tuco y albahaca.

Los agentes de la JUIRA mandaron un mensaje irreproducible donde demostraron su enfado por la falta de sentido común en la defensa de los ideales. Pero se calmaron cuando vieron las fotos.

El equipo periodístico del Antigourmet siguió investigando sobre el nombre y dio con un dato clave: Daniel Brailovsky fue jugador de independiente del 80 al 82. Tal vez, el cocinero de esa época era fanático de este volante ofensivo que jugó en la Selección y además supo triunfar en Peñarol y en América de México.

En fin… no importa tanto el nombre porque resultó ser uno de los mejores platos de pastas que hemos comido en los últimos tiempos. Te recomendamos que vayas y los pidas.

En un momento le pedimos a Nato que nos arme el Equipo Titular de Platos para comer en La Facultad. Y acá tenemos a los elegidos por el DT.

Nota: En la carta también se destaca el puchero (qué rico un pucheeeeero).

UN INQUILINO QUILOMBERO Y PEÑAS DEL INTERIOR

Avanzaba la noche en Avellaneda. El equipo liquidó los platos principales con la soltura de siempre. Y empezó el momento tan esperado de la sobremesa. De repente teníamos un ratito a solas con Nato para que nos cuente un poco más de su vida y su restaurante.

Así fue como nos enteramos que todas las comidas son elaboradas por Norma y Manuela, quien está a cargo de las pastas y es mega fanática de Racing.

También están las hijas de Nato, Cintia y Gisele, laburando en La Facultad. Ellas son responsables de las empanadas de cortesía y repulgan a la velocidad de la luz.

Vino va, vino viene, nos terminamos enterando que Nato en un momento le alquiló un departamento a Ricky Centurión.

– No sabés el quilombo que tuve con los vecinos. Me querían matar.

Nos contó un montón de anécdotas sobre el delantero del que guarda un muy buen recuerdo pese a las canas verdes que le sacó como inquilino. Es verdad, el Chacho Coudet casi se lo come crudo, pero en lo que respecta a Centu como inquilino, al parecer era un 10.

Nato se puso muy contento cuando nos contó sobre las peñas futboleras. Tanto a Racing como a Independiente, lo vienen a ver muchos hinchas del interior.

– Vienen de Córdoba, de La Pampa, de mi Corrientes, de Chaco, de Santa Fe. Pican algo y se van para la cancha porque los hinchas de Racing se concentran acá en la esquina de Belgrano y 9 de Julio. Tengo mucha gente que me dice que La Facultad es la cábala antes de cada partido.

Hay tanta relación entre futbol y morfi en Argentina que por eso se nos ocurrió hacer Bodegoles. La pasión de los argentinos por estas dos actividades sociales merece ser documentada.

UN COMENSAL LLAMADO EDUARDO

En un momento de la charla, Nato nos presentó a Eduardo Galuedet. El tipo hace más de 25 años que come (al menos) cuatro veces por semana en La Facultad.

– Por lo menos, vengo cuatro veces por semana. Todo es rico. Creo que ya probé toda la carta como 100 veces. Una vez estaba comiendo y en aquella mesa de allá (señala un rincón del salón) estaban Tito Pizzuti, el Chango Cárdenas, el Bocha Maschio y Oscar Martín. De cholulo le pedí un autógrafo a cada uno. La Facultad es mi segunda casa.

Un par de días después de charlar con él, Mati se puso a sacar cuentas. Eduardo fue a La Facultad más de 5.400 veces!!!! (4 veces por semana x 54 semanas x 25 años). A un promedio de $80, el tipo lleva gastados aproximadamente $432.000

Conclusión: Edu se comió este Alfa Romeo Mito, usado, 2012, con la correa de distribución nueva.

https://auto.mercadolibre.com.ar/MLA-806848154-vendo-alfa-romeo-mito-progression-2012-km48500-pesos-400000-_JM

Nosotros opinamos que Eduardo debería figurar en el diccionario de la RAE como sinónimo de la palabra comensal. Un placer conocerte chamigo.

POSTRES VIBRATORIOS

Como buenos bodegoneros, nos pedimos algunas cositas para ir cerrando la velada. En este caso nos quedamos con tres clásicos: flancito mixto, ensalada de frutas y una buena porción de fresco y batata. Línea de 3 que nunca falla.

Mientras las cucharas hacían su trabajo, notamos una leve turbulencia bajo nuestros pies.

– Tranqui, esos son los bondis, dijo Nato.

Es casi imperceptible, pero el piso de La Facultad vibra cada vez que alguna unidad de las líneas 10, 17, 98 o 148 pasa por la Avenida Belgrano. Es un efecto maravilloso para sentirme en pedo, sin llegar a estarlo realmente. Como la Casa de Casper, pero en formato bodegón.

FLAN MIXTO: Nato le mete 24 huevos. Naranja Fanta es el color del flancito, que está perfectamente custodiado por la crema y el dulce de leche. El movimiento vibratorio del piso hace que la crema tenga el punto justo.

Los postres se fueron moviendo unos milímetros de aquí para allá. Pero no tuvimos ningún inconveniente en comerlos. Todo es rico en la casa de Nato.

CONCLUSIÓN

La Facultad de Avellaneda es una de esas joyitas que nos encontramos en nuestras recorridos bodegoneros. Tuvimos la suerte de toparnos con ella sin saber que también era conocida como “Lo de Nato”.

Tiene todo lo que siempre buscamos. Comida caserita, fresca y con platos para compartir. Buenos precios. Y con su dueño siempre atento para hacer sentir a cada comensal como si estuviese en su casa.

Ya seas jugador de fútbol, te estés por recibir de médico o simplemente seas fánatico de los bodegones como nosotros, te recomendamos visitar esta hermosa esquina del barrio de Avellaneda.

La Facultad merece una visita académica.

Gracias a Nato y su familia por el tiempo que nos regalaron. Fue un placer conocer su historia y contarla. De ahora en más, La Facultad o Lo de Nato será un lugar obligado cada vez que visitemos Avellaneda.

Salud!