DE UN TIPO CON POCAS PULGAS, PERO CON MUCHÍSIMA CANTIDAD DE ORATORIA.

Como es costumbre en el whatsapp del Antigourmet, el miércoles comenzó el debate sobre el lugar elegido para ir a reseñar. Teníamos unos cuantos lugares entre ceja y ceja, pero se complicaba decidir el destino. Todos los lugares que se iban arrojando eran automáticamente descartados por razones diversas como:

Distancia: “queda en la loma del ocote” o “después volvemos rotos y estamos a 8.000 kilómetros”

Movilidad: “no pongo el auto ni loco, me afanan las 4 ruedas ahí” o “los llevaría a todos, pero no sé manejar”

Cansancio: “no sé si arranco hasta allá” o “me da una pachorra gigante”

Bipolaridad: “yo voy, pero confirmo en un rato” o “no tengo drama con ninguno, pero al de Parque Patricios no voy”

Fue entonces cuando el señor JP, harto de la falta de decisión del equipo, tomó la firme decisión de convencernos. Para ello, utilizó una técnica de persuación y una figura retórica que, normalmente, no falla en nuestro grupete.

Las palabras exactas fueron:

Me tienen podrido che. Yo voy a Gambrinus, queda en Chacarita, el que quiera ir que vaya y si no se pueden ir todos a freír churros.

Ante semejante despliegue de argumentos y la utilización del vocablo “churro”, todo el equipo se alineó detrás de la idea JPniana. Porque uno no manda a otra persona a freír, sin agotar todos los recursos habidos y por haber.

Mandarte a hacer una producción de churros, implica un agotamiento mental importante y en el equipo Antigourmet no toleramos que alguien use el cerebro para algo que no sea testear comida. Hubo aplausos hacia el final del extenso discurso y se decidió unánimemente la visita a este bodegón.

Allá fuimos.

DE GIORDANO, TETÉ Y TODOS MENEANDO LAS CABEZAS.

Llegamos a Gambrinus tipo 21:30 horas y apenas entramos nos recibió Abel, que a la postre, terminó siendo nuestro mozo. Nos dijo que nos acomodemos donde nos plazca. Y acá viene el primer gran acierto de la noche antigourmetera, porque nos fuimos bien al fondo del local y encontramos una mesa pegada a la salida de la cocina.

Vos estarás preguntándote… ¿y a mi qué me importa donde se sientan estos pibes? Bueno, la cuestión es que ubicados estratégicamente en ese lugar, fuimos testigos exclusivos de un evento que todo Antigourmet tine que presenciar antes de morir.

El Desfile de Morfi, temporada primavera/verano, Gambrinu´s Collection 2014.

Es un buen momento para que te imagines a los 6 miembros del equipo, con los ojos abiertos de par en par, el cuello retraído, la pera estirada hacia adelante, la boca semi-abierta, micro chuchos de frío y una catarata de baba antigourmet cayendo sin control.

Te recomendamos leer los próximos 4 párrafos con esto de fondo. Dale play.

Abel, el dueño de Gambrinus, es el Roberto Giordano de los bodegones. Sale de la cocina, se presenta y nos dice: “ustedes pidan lo que quieran, pero yo les voy mostrando lo que marchan las otras mesas así van chusmeando un poco”.

Y arrancó el desfile. ¡Qué noche Teté!

Una seguidilla de mozos salen de la cocina luciendo sus platos y empiezan a desfilar ante nuestros ojos: la picada Pampita, la maryland Mazza, el bife de nalga Jelinek, las paella Salazar, para las chicas el chucrut De Pineda y el infantable goulash Grudke, gran invento alemán al igual que los Playmovil.

Federico, el hijo de Abel, ubicado atrás de la barra-mostrador parece el DJ de la noche. Le ponés una peluca rubia, levanta un brazo y estás viendo a David Guetta. Todo el bodegón está moviendo la cabeza al ritmo que imponen Abel y sus mozos. Impresionante.

Nota: cooooortame la música.

Al fotógrafo del equipo no le alcanzaban las manos para cambiar el rollo de la cámara y por eso no tenemos fotos de todo lo que nos mostraron. Pero fue un momento intenso porque se acercaba la hora de hacer nuestro pedido. Obviamente, teníamos un montón de dudas. Porque una cosa es leer el nombre de un plato en la carta, y otra muy distinta es que te refrieguen todos los platos de la carta en la cara al mejor estilo “el aire es libre, no te toco”. Tortura antigourmet.

DE UN BALÓN REFRESCANTE, VARIOS MATA-TEROS Y UN PLACARD COMUNITARIO.

Básicamente, nos salvó Abel. Pero en este caso fue Abel, el mozo. Imaginen nuestro estado post-desfile. Estábamos completamente desbocados y era imposible ponerse de acuerdo sobre qué opción elegir. Empezamos a pelearnos por la selección de platos y cuando el estado de anarquía culinaria estaba a punto de desbordar nuestra mesa… Abel se acerca y nos dice:

Acá tienen muchachos. Se toman un balón fresquito, lo piensan tranquilos y cualquier cosita me preguntan.

¡Nos planchó! Un baldazo de birra fría. El alma de vuelta al cuerpo. Paz. Amor. Tolerancia. Respeto.

Abel tiene más paciencia que el relator de los Supercampeones. No tiene ningún tipo de apuro y su tranquilidad es contagiosa, porque te motiva a crear una atmósfera de sobremesa eterna. Claro, el tipo hace 5 años que trabaja en Gambrinus, pero antes estuvo 23 en el Palacio de la Papa Frita. Ahí te das cuenta la enorme diferencia entre un mozo amateur de Palermo Rúcula (nos tomamos la libertad de acuñar el término utilizado por el sociólogo Matías Bruera) y un mozo profesional que hace honor a su profesión.

Dicho sea de paso, estuvimos 4 horas disfrutando.

Mientras tomábamos la cerve, nos pusimos a observar un poco el lugar. El salón de Gambrinus es grande y amarrillo. El principal dato es que hay 2 tipos de mesa: las normales y unos boxes con 4 sillas rebatibles, como las del cine o el teatro. Hay potus por todos lados y una chopera preciosa en la entrada. Contamos aproximadamente 750 percheros en las paredes, así que si andás corto de lugar en tu placard podés llevarle un par de camperas y en Gambrinus te la cuelgan sin problema.

El techo es otro lugar para explorar y tener cuidado. Porque cuelgan 6 arañas con plantas enredaderas y de forma intercalada aparecen 3 mosquiteros con las medidas de un aire acondicionado de 5000 frigorías. Capáz que en Alemania los mosquitos son del tamaño de un tero, no lo sabemos, pero ojo con el bicho que pase volando cerca del coso este, porque queda frito instantaneamente.

Dato antigourmet: además de la cerveza tirada, hay birra artesanal marca Gambrinus de tres tipos: rubia, miel y negra. La de miel está muy buena, pero nos quedamos eternamente con el balón.

DE UN DIOS PASADO DE COPAS Y UN ALEMÁN QUE SE LLAMA BARBIERI.

En las paredes vas a encontrar media docena de cuadros pintados en madera. Seguramente alguien con conocimientos de arte pueda decir qué tipo de técnica es, porque nunca habíamos visto algo trabajado de esa forma. En los cuadros encontramos unas cuantas escenas alemanas, pero lo que más nos llamó la atención fue la imagen de un gordo, sentado con las patas abiertas sobre un barril de cerveza.

Le preguntamos a Abel y nos contó que era el mismísimo Gambrinus, un dios legendario y patrono de la cerveza.

Acá dejamos un link a la verdadera Leyenda de Gambrinus. Recomendamos a todos los antigourmeteros pegarle una ojeada porque tiene datos super verídicos y de gran importancia para el resto de la reseña. Para leer la leyenda puede hacer clic aquí, aquí, o también aquí, para el caso es lo mismo.

Continuando con la charla, Abel nos contó más sobre la historia del local. Abrió sus puertas en 1918 con el nombre Otto y era todo comida típica alemana. Más adelante, en 1971, un alemán (40%) junto con 6 socios (10% , uno de ellos era Abel, cuya madre era alemana) abrieron Gambrinus. Con el tiempo, el alemán y los demás socios se fueron alejando y Abel terminó comprando las partes de todos para convertirse en el único dueño del local.

Han pasado 43 años desde que empezó esta historia y se le nota en los ojos el orgullo que tiene de haber construido su empresa. Pelearla, trabajar todos los días y, en la actualidad, contar con la ayuda de sus hijos: Dardo, Andrés y Federico (atención futboleros porque este último es juez de línea de primera, así que ojo con putearlo porque después te viene la comida fría).

Es un dato más para destacar del lugar. Abel, sus hijos, los mozos y toda la gente de la cocina tienen una buena onda tremenda. Vimos a muchos comensales saludarlos efusivamente y abrazar a los mozos. Una gran familia han construido y van nuestras felicitaciones.

Muy bien. Ya tiramos mucha data histórica y patrimonial. Ahora vamos a lo que nos compete.

ENTRADAS

Antes de comenzar con los platos, bien vale hacer una mención especial para el pan y la manteca que te esperan en la mesa cuando entrás. Unas rebanadas de pan negro muy mantecable y el pan blanco calentito. Cuando comentamos en Twitter que estábamos en Gambrinus, lo primero que nos avisaron fue sobre la cerveza y el pan negro. Linda recepción.

Surtido de fiambre: queso, jamón cocido, salchichón, leberwurst, morcillón (que es igual a la morcilla pero le ponen lengua), una ruedita de matambre y abajo de la fuente un montón de papines con aceite, vinagre y perejil que estaban geniales. Con el hambre que traíamos nos quedó un poco corta, pero si sos un ser humano está más que bien para empezar.

Berenjenas a la fugazzetta: lo pedimos porque nos llamó la atención y nos terminamos sorprendiendo. En una fuente de muy lindo tamaño con unas 8 berenjenas cortadas no muy gruesas e inundadas de queso y especias. Impecable plato de entrada y para compartir tranquilamente.

PRINCIPALES

La velocidad de salida de los platos es otra cosa que nos llamó la atención. Los pedimos y no tenemos plena seguridad, pero calculamos que pasaron unos 10/15 minutos y aparecieron todos juntos. Y ahora sí, con ustedes…

Brótola a la romana con salsa calabresa y papas españolas: cuando vimos llegar la bandeja de papas a la española pensamos que se habían zarpado. Era un fuentón completo y nos pareció mucho para el plato que habíamos pedido. Pero cuando llegó la brótola…

Llevate el tenedor y traeme un arpón – le dijo Matías al mozo.

¡Qué pedazo de brótola hermano! Enmarinada hasta el cuajo y recubierta de tomate, perejil, ajo y pimentón. ¿Estaba picante? Sí, pero tranqui, nada de entumecimiento en los labios y ese tipo de reacciones espantosas. No le encontramos ni una sola espina (no sabemos si es porque la brótola no tiene espinas o porque se las sacaron todas; recuerden que lo nuestro es comer… somos antigourmeteros y no empleados de Mundo Marino). Un plato muy sabroso. Nos encantó.

Matambre de cerdo tiernizado a la pizza con batatas: el matambre está tan tiernito que lo podés manducar sin dientes. Si tenés una abuela con problemas de comedor, traela a comer esto que lo va a disfrutar como loca. Dicen que Zulma Lobato cuando viene a Gambrinus pide un matambre y lo come con un sorbete. Riquísima salsa, riquísimo queso y las batatas estaban 10 puntos. Plato re contra super recomendable.

Fanderfrestworstfroken: la verdad es que el redactor de este sitio no tiene ni la más pálida idea de cómo se escribe el plato que comimos, pero lo puede describir tranquilamente… 2 salchicas alemanas ahumadas con piel de buen tamaño, chucrut con pedacitos de jamón cocido y le metimos mostaza a morir. Hay que probarlo. Es un sabor que no estamos acostumbrados, pero nos encantó.

Abel nos contó que el chucrut se lo compran a un tipo que se especializa en esto y que antes de comercializarlo lo tiene estacionado 4 o 5 meses (nos quedamos pensando lo cara que debe salirle la cochera).

Nota: luego de hacer ciertas averiguaciones nos enteramos que el plato se llama Bratwurst con chucrut, pero creemos que le queda más lindo lo de Fanderfrestworstfroken.

POSTRES

Prácticamente no queríamos más lola. Incluso las últimas 2 batatas costaron hacerlas desaparecer de la mesa. Pero Abel nos arengó a comer algún postrecito y eso hicimos.

Strudel: una de las especialidades de Gambrinus. Un laberinto de masa filo rellena de manzana y un arsenal de pasas de uvas. Para destacar el tamaño “maní cervecero” de las pasas. Excelente de tamaño y de sabor.

Tarantela mixta: con ver los puntos que le pusimos está todo dicho. Viene con una buena base de manzana y está perfecto que así sea.

Peras al borgoña con crema: ¡Perón, Perón, qué grande só! Olvidate del partido político, acá lo que es fabuloso es el tamaño de la pera y el gustito que le proporciona el vino. Postre contundente y para compartir si estás en las últimas bocanadas de aire.

CONCLUSIÓN

Una atención fabulosa gracias a un plantel de mozos impecable. Un dueño que cuando lo ves por primera vez parece más serio que el arquero de fútbol de Alemania, pero al ratito se vuelve el tipo más amable del mundo y además, sirve los platos con guantes (nunca antes visto en la historia del antigourmetismo).

Los platos no son enormes, y si querés compartir alguno vas a tener que meter una buena entrada previamente. Pero lo que no tienen de enorme, lo tienen de sabroso. La cerveza tirada es perfecta para estas noches de verano.

Nos fuimos del lugar con varios gustitos nuevos en la boca y un montón de amigos nuevos. Gambrinus pasó a ocupar un lugar en el corazón antigourmet de manera categórica. ¡Gracias a Abel y toda su familia, por recibirnos y contarnos su historia!