Después de unos cuantos meses en los que La Esquina del Anti nos llevó muchísima energía y laburo, por fin pudimos acomodarnos para ir a comer a un bodegón. En el 2020, todos los martes, el equipo completo retoma las salidas antigourmeteras y eso nos llena de felicidad. Seguimos conociendo lugares, historias, dueños y ampliando el mapa bodegonero argentino. Es por eso, que atendimos este llamado urgente a:

LA OLISSS

La O.L.I.S.S.S., es la sigla de nuestra Oficina de Lugares para Ir Si o Si Señores del Antigourmet. Pleno diciembre y con las clásicas despedidas del año, la OLISSS  recibió un llamado catalogado por los expertos peritos bodegoneros como “URGENTÍSIMO”.

– Gente, tienen que venir a La Popular de Banfield. Hay carne al asador, matambre a la pizza y viene Pichu de Sin Codificar a contar chistes.

Ante semejante invitación, la conversación del equipo en el grupo de WhatsApp fue la siguiente:

Román: Uffffff. Banfield. ¿Les parece?
Facu: ¡Cagón!
Dr. Pait: Estoy.
Mati: Estoy.
Nico: Estoy.
Román: Miren que es Banfield… un lunes…
Facu: ¡Cajeta! Juego a la paleta.
Román: ¡Cagón!
Facu: Suspendo. Voy.
Román: ¿Qué suspendés?
Facu: Suspendo paleta, y voy a comer.
Dr. Pait: ¡Listo! Vamos todos. A las 20 en Ravignani y Corrientes. Salimos de ahí en camioneta.
Román: Banfield… un lunes… bueno, ¡dale! Estoy.

La OLISSS es así. Y nunca falla. Cuando nos dicen: “tienen que ir”, nosotros vamos. Con el equipo 100% confirmado, arrancamos una nueva aventura bodegonera y acá va la reseña de ese día.

SE SUMA NUÑO

Nuño es un amigo rosarino que tuvimos la suerte de conocer porque le maneja las redes al querido Comedor Balcarce. Cada dos por tres, el Facu Nuño viaja de Rosario a Capital, y siempre se hace un lugarcito para pasar por la esquina a charlar y tomarse un Cinzano o un Amargo Obrero.

Cuando nos avisó que venía a Capital por unos días, le propusimos que se sume a la salida en La Popular y, ni lerdo ni perezoso, confirmó que se sumaba a la mesa. A las 19:45 hs. empezamos a hablar por whatsapp.

Nuño: Hola, Mati, estoy yendo para el punto de encuentro.
Mati: Dale, nos vemos en un rato.
(al rato)
Nuño: Che boludo, el punto de encuentro no existe.
Mati: ¿Cómo que no existe?
Nuño: Ravignani y Corrientes… no se cruzan, o me perdí.

¡Mierda! Somos tan boludos que pusimos de punto de encuentro una esquina que no existe. Recalculamos por whatsapp y pasamos nuevas coordenadas.

Mati: Che Nuño, acá me dicen que vengas para Bonpland.
Nuño: Voy para allá.
(al rato)
Mati: Cambio de planes, te levantamos en Dorrego y Córdoba.
Nuño: Parece un secuestro express esto, ¿son pelotudos?
(al rato)
Nuño: Acá estoy.
Mati: Te vemos. Subite a la camioneta negra.
Nuño: ¡Dale boludo! ¿Me estás cargando?
Mati: Es una camioneta negra, ¡posta! Subí.

Nuño buscó la camioneta negra que estaba con las balizas puestas y se subió con un cagazo importante. Así fue como completamos el equipete y arrancamos para Banfield.

LA LOMA DE BURRO DEL STRESS

Septiembre de 2015. Esa fue la última vez que el Antigourmet visitó Banfield y en esa oportunidad… ¡pasaron cosas!

Visitamos a los pibes de Gulliver, una cervecería amiga, y cuando salimos de la comilona, nos subimos los 5 en el Citroen C5 (ex-auto de Facundo). Saludamos, arrancamos y no habíamos hecho 2 cuadras cuando agarramos la loma de burro más alta de Zona Sur, a unos 50 km/h.

Banfield 2015, post loma de burro

El auto quedó al ras del piso, haciendo cuerpo a tierra. Los amortiguadores se fueron a la mierda. Y nosotros quedamos varados; bastante en pedo; a las 2 am; en Banfield; un jueves. Mati y Román se terminaron volviendo en un remis destartalado y llegaron como a las 4 am a sus casas. Al otro día, ir al laburo estuvo complicado.

“Otra vez no me cagan. Vamos por autopista.”- dijo el Dr. Pait.

Al pedo, porque veníamos hablando boludeces como siempre y nos re contra mil pasamos de la bajada que el Waze nos marcaba. Cuando nos quisimos acordar estábamos pasando Lomas de Zamora. La puta madre, ¡cómo carajo nos pasa siempre lo mismo!

Técnicamente, para llegar de Palermo a Banfield, hicimos el siguiente trayecto.

Palermo – Liniers – Banfield – Lomas de Zamora – Puente La Noria – Concordia – María Susana – El Ortondo – Banfield

Tengo la nalga anestesiada – dijo Nuño, al que le sobraba un cacho de culo del asiento.

Bancá que ya casi llegamos, le tiró el Dr. Pait, mientras miraba en el Google Maps cómo carajo retomar sin tener que bajarnos, llamar una grúa, levantar la camioneta y pasarla por arriba de la chapa que divide la autopista. Después de unos 20 minutos, y luego de una durísima negociación para convencer a Mati que su idea de “ir marcha atrás hasta la bajada” era bastante peligrosa, logramos pegar la vuelta.

Cuando bajamos de la autopista, pasó lo que tenía que pasar… Agarramos una loma de burro a 50 km/h.

La camioneta ni se inmutó. Pero de todas maneras, a nadie le importaba un carajo, porque ya estábamos llegando a La Popular, con un hambre atroz y muchas ganas de escuchar los chistes de Pichu.

CUANDO HAY HAMBRE…

Llegamos a La Popular, pero aún teníamos un grave tema a resolver. La camioneta de Facundo es como un barco. Mide 5 metros de largo y es prácticamente imposible encontrarle un lugar para estacionar que no implique:

  1. Chocar otro auto
  2. Chocar otros autos
  3. Infringir al menos 3 leyes de tránsito
  4. Empujar media cuadra un contenedor de basura

Claramente no era un garage.

Pero, en esta salida, a nadie le importaba este listado de irregularidades. Se nos había hecho muy tarde, estábamos con muchas expectativas y realmente hambrientos. Fue entonces cuando nos metimos por una calle angosta que chocaba contra las vías del tren y encontramos al final de la cuadra un lugar para estacionar.

Metela ahí – dijo Román.
Pero es un garage – le respondió Facu.
Claramente eso NO es un garage – saltó Nuño
Metele que sobra lugar – dijo el Dr. Pait
Pero muchachos, es un garage. Tiene forma de garage, puertas de garage y una bajada para entrar el auto en el garage – insistió Facu
Olvidate, no vive nadie en esa casa – añadió Nico
Está re contra mil abandonada, dale nomás. – aprobó Mati
Metele, metele, sobra lugar para que salga el auto – enfatizó el Dr. Pait
Para mí, eso no es un garage – aseguró Román
Están re contra locos, pero bueno… ¡ya fue! – se resignó Facu

Y la terminamos dejando ahí. Dejando una nueva máxima para nuestras salidas antigourmeteras: “Cuando hay hambre, no hay garages.” Bajamos a las apuradas y caminamos con pasos veloces la cuadra que nos separaba de La Popular.

CUIDADO SI SOS ALTE

Antes de entrar y contarte todo lo que comimos, dejanos regalarte un dato que puede salvarte la vida.

Si medís más de 1 metro y 85 centímetros… tené cuidado con el toldito del vecino que está pegado al restaurante. Facu casi deja un ojo y el Dr. Pait estuvo cerca de perder masa encefálica cuando el toldo le afeitó la pelada.

No me lo agradezcas. Estamos para cuidarte.

A COMEEEEER

Por fin, llegamos a La Popular. Una esquina preciosa, con lugar para sentarte en la vereda, en una galería o adentro del salón. Ahora que se viene el veranito y el clima está como loco, podés elegir entre esas 3 opciones. Sobre la ochava vas a reconocer el lugar por el asador hermoso rodeado de vidrio. Y adentro vas a encontrarte rodeado del trío clásico bodegonero: camisetas, cuadros y pizarrones.

Nos encontramos con el Pipa, su dueño, que nos había reservado una mesa para 6 dentro del salón, al lado de la barra. Sin dudar nos fuimos a sentar y al toque llegó Roberto. ¿Quién es Roberto? El mejor mozo de Adrogué y zonas aledañas.

El tipo se la pasa haciendo jodas pero en ningún momento descuida el servicio. Le pedimos hielo 450 veces y no falló nunca. Mientras nos atendía, no paraba de recomendar otros lugares para seguir la recorrida, así que en breve hacemos un especial con sus lugares favoritos.

Cuando tenés 30 años de mozo, algo aprendiste.

– Muchachos, yo les manejo la mesa. Voy trayendo. – nos dijo y, por supuesto, aceptamos su conducción desenfrenada, a cambio de que nos regara de vino sin parar. Y eso hizo. Al minuto, apareció la primera botella.

Y un ratito después cayó con 2 hermosas tablas, sobre las cuales estaba el primer plato de la noche. ¡Anotá!

MATAMBRE AL PLOMO: es un matambre arrollado, relleno con variedad de verduras y huevo duro. Le meten manteca, lo envuelven en papel aluminio y… ¡a la parrilla 4 horas! Llegaron 4 porciones (rodajas gruesas) sobre dos tablitas de madera y ni bien Roberto las apoyó sobre la mesa, se nos trabó la capocha y no nos daban las manos para arrancar el papel. Claramente, le entramos como sordo al timbre. Nos sorprendió el arranque. ¡Platazo!

Matambre arrollado, manteca y a la parri. Dale que va!

 

Dato geológico: la corteza exterior del matambre queda endurecida, un poquitín chamuscada y se pega al aluminio. Despéguela. Es una maravilla el gustito que agarra. Y es muy de Antigourmet no dejar nada en el plato.

Pedimos otro vino.

MATAMBRE A LA PIZZA: el típico procedimiento de dejar el matambre en leche durante toda la noche sigue dando sus frutos. Tiernizado y tapado de queso, tomate y orégano. Comimos 2 porciones compartiendo entre todos.

Pedimos otro vino.

COSTILLA AL ASADOR: todavía teníamos el gustito del matambre en la boca, cuando llegaron ellas. Por este tipo de morfi, es que no nos importa viajar 1 hora un día lunes. ¡Mamita querida! Tres costillas, de 40 y pico cm. cada una, para agarrar con la mano y dejarla totalmente pelada.

Y acá viene otra de las claves por las cuales La Popular se destaca: su parrillero. Adrián es un crack. Un Garrafa Sánchez del asado.

Cada vez que tenemos la oportunidad de hablar con él, hablamos de asados. De sus comienzos en la zona de Ciudadela, asando chinchulines sobre los resortes de una cama vieja. Aprendiendo el oficio de viejos asadores. Y llegando al día de hoy, donde se nota que el tipo ya confía totalmente en sus poderes asadores y encara cualquier desafío.

Si buscás parrillero en algún diccionario de la Real Academia Española, seguramente aparezca “sinónimo: Adrián”.

El experimentado asador clava 4 o 5 piezas de carne en el asador y mientras le mete fuego sin parar, las mantiene hidratadas con una botella de 2 litros que mantiene escondida en un rincón, atrás de los troncos de leña.

Es mi receta de mejunje. La magia sale de acá. – nos dice Adrián, sin vueltas, y agitando su salmuera.

Adrián, un parrillero de profesión

Lo ves todo el tiempo en movimiento. Girando alrededor de la estructura, salmuereando, cortando, salmuereando, probando, salmuereando, sirviendo y salmuereando; siempre salmuereando.

Su salmuera, está minada de ajos, yuyos, especias y esos ingredientes secretos que (al revés de los gourmets) a nosotros no nos calienta saber qué le pone, mientras siga saliendo así de rica. No nos interesa saber lo que contiene esa botella, sino simplemente disfrutar de su contenido.

Desde que empezamos nos definimos como “comensales que reseñan” y no como “críticos gastronómicos” que tienen que explicar hasta el pelo del huevo.

Nosotros: comemos, contamos y punto.

Y no nos movemos de ese lugar desde hace 6 años, porque pensamos que no hay nada mejor que sorprenderse con los enormes cocineros de bodegón que tenemos en el país. Adrián, es un claro ejemplo y queremos felicitarlo por meterle tanta pasión a su profesión.

Bueno, sigamos con la reseña y en este momento, la cosa se pone peligrosa.

¡HÍBRIDO!

El Pipa prende el parlante gigante que se encontraba atrás de Mati y Román. Los dos experimentan un aneurisma en el lóbulo occipital, producto del altísimo volumen con el que arrancó a sonar el aparato. El Pipa agarra el micrófono y anuncia el comienzo del epetáculo!

Al toque, apareció desde la cocina y a los gritos, el gran Oscar Fernando Straneo Díaz, más conocido mundialmente como Pichu.

Este gigante humorista uruguayo, desembarcó en Argentina junto a sus compatriotas Sebastián Almada y Álvaro Navia. Se hicieron famosos con Tinelli. Con aquellos sketch increíbles que marcaron a fuego el humor de todos los argentinos. Viejas épocas, donde el programa no se basaba en armar conventillo y simular que “bailan por un sueño”.

Luego, Pichu, Pachu, Yayo y compañía armaron Peligro: Sin Codificar y desde allí vivieron el nacimiento de nuevos personajes, otras formas de humor y el crecimiento de los fanáticos.

En esta nueva camada hacen su aparición Nazareno Móttola, Ivana Acosta, el gran Migue Granados y… Walter López. Walter, caracterizado como La Angie, es el otro personaje que hace su aparición en La Popular junto a Pichu.

El Pichu haciendo cagar de risa al pelado de El Marginal.

Y se largaron a media hora de chistes, diálogos, imitaciones (Vicentico, Bahiano, Sabina, Guaraní), y mucha, pero mucha improvisación, que incluyó un concurso de imitación de Freddy Mercury. Román y Nuño pasaron al frente y nos dejaron muy bien parados.

Pero el premio se lo llevó otro comensal que afirmó:

“Yo saqué entradas para ver a Freddy el año pasado y al final no lo pude ver.”

Será porque está muerto. Por ahí sacaste para ver a Freddy Mercurio! – le respondió rápido de reflejos el mostro de Pichu y casi nos hizo morir de risa.

Es raro que en un bodegón se arme un show. De hecho, recordamos uno solo: Cangas del Narcea (una de las noches más locas que vivimos). Pero estuvo buenísimo reírse un rato entre plato y plato. Gracias Pichu y La Angie por la hermosa noche que supieron regalarnos.

VUELVE EL PIPA

Apenas finalizado el show humorístico, aparece el dueño en el salón con una mano ocupada por una tabla grandota. Apaga el parlante (gesto muy valorado por Román y Mati que para este momento ya habían perdido el 94% de audición de ambos oídos). Y nos hace la siguiente pregunta:

¿Les gustó el show? Acá les traje unas achuras.

¡Qué te vamos a decir, Pipa querido! Danos esas achuras y para nosotros tocó Metallica.

El Pipa es realmente un gran anfitrión bodegonero. Lleno de energía, incansable ida y vuelta a la cocina, atento a todas las mesas y a los platos que salen. De esos tipos que aman el servicio, la gastronomía y valora a cada comensal que pisa su local.

Para colmo, tiene un baúl lleno de anécdotas que, para los que nos gusta contar historias, es lo mejor de la sobremesa y lo que nos lleva a tener este blog.
Por ejemplo, fue el cocinero del Banfield campeón 2009 con Falcioni a la cabeza.

Así que tuvo que darle de comer, entre otros, a los siguientes jugadores: Lucchetti, Sebastián Méndez, Víctor López, el Chelo Bustamante, Battión, James Rodríguez, Erviti, Fernández y Santiago Silva. ¡UN EQUIPAZO! En realidad, estuvo varios años alimentando (y cuidando) al plantel profesional del Taladro. De esa aventura le quedaron un montón de amigos y recuerdos. Y ahora, La Popular está llena de camisetas verdes y naranjas, dedicadas por jugadores, ex-jugadores y personas allegadas al club.

El Pipa, cocinero y dueño de La Popular

De la unión de sus grandes amores: el fútbol y el morfi, surge el nombre de esta esquina: LA POPULAR. Y le auguramos un montón de años con mucho laburo, porque se nota que le pone un montón el hombro a la cosa. Para conocer más historias de esta esquina de Banfield, acá pueden ver el programa completo de BODEGOLES.

Gracias, Pipa, por regalarnos tanto tiempo y la amabilidad en la atención.

POSTRE Y UNA ESTATUA DUDOSA

Roberto, el mozo, pasa mirando de reojo la mesa y nos dice, dubitativo: “Van con algún postre, ¿no?” Más vale, eso no se pregunta con el equipo Antigourmet a pleno. Ahí nomás marchamos un par de flanes mixtos y un budín de pan.

Mientras los esperábamos, nos pusimos a hablar de Banfield y de uno de sus grandes vecinos: Sandro.

Así surgieron en la mesa comentarios sobre el gitano, cómo sentía la música, cómo interpretaba los temas y la locura de sus fanáticas. Nico mostró fotos del Castillo de Sandro en Boedo (que muy poca gente conoce) y Román contó que en Junín (nuestra ciudad) hay una estatua de Sandro en la Laguna de Gómez.

Cayeron los postres. Le dimos una dura pelea al flan que estaba espectacular, pero tenía un montón de dulce de leche. Más de los recomendado por la OMS (que no sabemos qué carajo recomienda, pero seguro son gourmets).

Habiendo terminado todo todito todo, pedimos la cuenta, pagamos y nos preparamos para emprender el viaje de vuelta para Capital.

Cuando pasamos por la barra para saludar, Mati detecta una estatua de unos 50 cm. de alto arriba del mostrador y le dice a Nuño:

– ¡Mirá qué estatua! Un grande.
– ¿Quién es? ¿Sandro? – pregunta Nuño, afinando los ojos.
– No, es Garrafa Sánchez.

Garrafa con las camisetas de Banfield y el Antigourmet de fondo. Crack!

Preocupante el nivel etílico del invitado. Así fue como nos despedimos de La Popular de Banfield y todo el equipo del bodegón. Agradeciendo como siempre haber pasado una hermosa noche bodegonera.

Gracias, LA POPULAR. Nos volveremos a ver pronto.
Salud!

PD: cada vez que salimos, tenemos un conductor designado. Si tomás, no manejes. Por eso mismo, yo nunca aprendí a manejar. Saludos.

Esta imagen nos enamoró completamente. Gracias Banfield.