PASAMOS POR GIJÓN

Después de nuestro paso por La Coruña nos subimos a la camioneta para continuar el viaje. Ahí nomás se creó una disyuntiva. Ir a Oviedo o ir a Gijón.

Solamente íbamos a parar para almorzar, porque la meta era llegar a San Sebastián a la tarde/noche.

Mientras se debatían los pros y contras de cada destino, disfrutábamos de las decenas de pueblitos que cruzábamos en el camino. Una hermosura el paisaje.

De pronto, Román encuentra en el mapa a Villa Viciosa y todos especulamos con una pasadita. Pero como nos teníamos que desviar mucho tuvimos que desistir.

Se sometió a votación y ganó Gijón. Nadie recuerda porqué. Pero ganó, y hacia allá nos dirigimos con esta historia.

TODO CONTROLADO, MENOS GIJÓN

El equipo Antigourmet suele caracterizarse por la planificación.

Solemos tener todo calculado para optimizar procesos, mejorar performances, explotar recursos gastronómicos y administrar tiempos muertos entre almuerzos/cenas.

Por eso, apenas entramos a Gijón, nos topamos con carteles por todos lados que anunciaban: GIJÓN DE SIDRA.

Sabíamos que teníamos que venir.

Más culo, imposible.

SIDRAMANÍA

Gijón de Sidra es un evento anual que se realiza en homenaje a esta emblemática bebida.

En esta región se toma más sidra que agua. Un dicho popular dice que “la gente no se baña con Sidra porque no sale por las cañerías”.

Cuando se juntan a beber, se calculan entre 4 y 5 botellas por persona. Y lo más probable es que nadie se vaya mamado; eso si… al otro día el dolor de cabeza solamente te lo podés sacar con más Sidra.

Cómo será el fanatismo que armaron un Sidromapa para tomarlas todas y por las calles se puede ver pasar al SidroBus.

(que además de llevarte de recorrida, podés elegirlo como lugar para… CASARTE!).

Gracias al Mapa, encontramos a nuestro siguiente lugar para comer.

CASA FERNANDO

“DE LA LANCHA A LA PLANCHA”

Así decía la carta y nos pareció de una sinceridad digna de aplaudir. Por eso entramos a este lugar y no nos defraudó.

Ojo… Al principio nos costó un poco entrar en el ritmo de los mozos asturianos, por cosas como estas:

Facu: Qué nos recomendás comer?

Mozo: Ahí vengo.

Mati: Una pregunta, tienen WiFi?

Mozo: Si.

Mati: (a un viejito que cortaba el pan) Hola, podemos sacar fotos?

Mozo: Quién?

Mati: Nosotros.

Mozo: (dejó de cortar el pan y se fue atrás de la barra)

Román: Te pedimos mejillones y…

Mozo: Que no hay mejillones, que no hay zamburiñas, que no hay langostas, que no hay chipirones… (mira a la cocina y grita)… PUES QUE AQUÍ NO HAY NADA JODER! VAMOS PA’ LAS CASAS!

Claramente uno se siente descolocado y no sabe si están hablando en serio o en joda, pero a la media hora ya estábamos como perro con dos colas.

Aprendiendo un montón sobre la Sidra y comiendo, porque para eso vinimos.

CABEZA DE PULPO, GAMBÓN Y ALMEJAS CON PAPAS: La baranda a ajo se sentía desde Oviedo. Y en efecto, nos encontramos con una de las mejores provenzales que este equipo supo probar.

Todos los eustaquios (así identifica Matías a los pescados) flotaban arriba de un caldo. Era como una sopa maravillosa.

Nuestro amigo octópodo sigue convirtiéndose en uno de los manjares que vamos a extrañar cuando nos toque volver a casa.

Además pedimos el Gran Cachopo Casafer, que es como una milanga de ternera asturiana con jamón, queso, huevo cocido y champiñones con una salsita arriba.

Siguiendo con la buena racha, agarramos una promoción.

Como nos habíamos clavado unas cuantas sidras pusimos €1 y ligamos dos cazuelas de Chipirones Afogados, con mucho pimentón dulce, cebolla, papá y por supuesto… chipirones.

¡Una panzada! Platos riquísimos de Alimata y Adriana, las grandes cocineras de Casa Fernando.

ESCANCIADO, CULINES Y NOMECHISQUES

Gracias a Javi, Carlos y Luis (los geniales mozos que se tomaron el tiempo de explicarnos todo) pudimos conocer un poquito del mundo de la Sidra.

Se sirve siempre en culines.

Un poquito porque no tiene que decantar la bebida. ¡Así que te dan el vaso y tenés que meter un fondo blanco! Carlos servía la Sidra desde arriba de su cabeza y con el brazo completamente estirado. A esto se le llama Escanciado.

Para escanciar se necesita algo de práctica. Es muy difícil no salpicar y embocarle al vaso desde tanta altura.

A Facundo no le importa y lo intenta en todos los lugares que vamos. Vivimos hace días con la ropa mojada y llenos de olor a sidra.

Cuando volvamos del viaje le vamos a comprar un Nomechisques. Un recipiente alargado donde se pone la mano que sostiene al vaso y cuando se le pifia al llenado no te chisca; no te salpica.

El mundo de la Sidra es muchísimo más grande de lo que nos imaginábamos.

Nos despedimos de todos en Casa Fernando, agradecidos por la atención que nos dieron. Gran bunker Antigourmet.

SANTOÑA

De nuevo en la camioneta, agarramos para San Sebastián y para variar, le pifiamos en una rotonda. Así fue como conocimos nuestro siguiente lugar.

Santoña se enorgullece de tener “LAS MEJORES ANCHOAS DEL CANTÁBRICO”, y como muestra de esa pasión clavaron un Monumento al Bocarte en el medio del pueblo.

Y bueno… las teníamos que testear, así que salió merienda con anchoas.

BAR RAFA

Justo frente al monumento de las anchoas frenamos la Jumpy y entramos a este barcito hermoso, lleno de santoñenses (o como se diga).

Dos grupos de viejos jugaban a las cartas y se puteaban de arriba a abajo en cada mano. Así nos gustaría llegar a nuestra ancianidad. Puteando fuerte.

Pedimos Anchoas. Vinieron 24 unidades. Son el doble de grandes que las que solemos comer y un 500% más saladas, lo que las convierten en un poderoso cauterizador.

Mati tenía una ampolla en la boca y se esfumó al acercar la anchoa. Y dice que también tenía una ampolla en el pie y se le fue. Creer o reventar.

Para acompañar la merienda pedimos…

Una tortilla francesa (que terminó siendo un sanguche de omelette) y una cosa por demás de rara… PERCEBES.

Si podés Googlealos porque no sabemos qué carajo son. Lo que sí podemos decir es que quebramos esas patitas, succionamos y su relleno estaba buenísimo.

Era una merienda, pero tuvimos que cambiar el café por cerveza con limón tirada, que es “lo que se toma acá” según Rosa, la dueña.

Adobados y salados dejamos Santoña.

Saludando con nuestras manitas a los viejos que jugaban a las cartas y mirando quién se murió (porque en los vidrios del bar hay hojas pegadas con las necrológicas de la semana).

JOAN ONDO

Hay un peaje llegando a San Sebastián que te da la bienvenida a esta ciudad del País Vasco.

Facu bajó la ventanilla y preguntó si se podía pagar con tarjeta.

Joan Ondo dijo:

Mira, son 60 céntimos, pero lo puedes pagar con tarjeta o con lo que te quede más cómodo.

Nunca nos habían tratado así en un peaje.

¡Joan Ondo, te queremos!

SAN SEBASTIÁN

Es caro.

SALIMOS DE POTEO

Así se le dice acá al after-office.

Claramente tiene mucho más huevo y personalidad que ese anglicismo feucho que usan los ejecutivos de cuentas en Capital Federal.

Una nueva ronda de bares que nos dejó al borde de la bancarrota. Esta vez fueron los siguientes…

BAR SPORT

Gaby insistió en que teníamos que probar el montadito de fuá.

Es una mega bomba atómica de grasa y aceite. Uno solo y te convertís en WD-40.

Muy polémico el precio: €3,50, CADA UNOOOO! Había que mejorar la puntería.

BODEGA DONOSTIARRA.

Un rompedoro de ocotes absoluto.

Comimos 5 pinchos y tuvimos que dejar un riñón cada uno en parte de pago.

Y para colmo ni siquiera estaban frescos. ¡Qué pedazo de ladrón loco!

Allí fue donde llegamos a una máxima: “no entrar a lugares donde hay poca o nada de gente”.

San Sebastián se estaba complicando.

MANDRILES

Nos estaban dando durísimo. Y ante el enrojecimiento gluteal que nos estaban propinando, Matías lanzó el plan HIPOGLOS PARA TODOS.

El equipo entró en un círculo vicioso de mala onda, preocupación, falta de sentido común y puteadas contra los pinchos; miles de puteadas contra los pinchos.

Mientras insultábamos también tomábamos algunas acciones al respecto.

El pocaspulgas de Facundo se subió a la camioneta y quería abandonar el país.

El pobre de Román revisaba el home-banking cada 15 segundos.

Y el demente de Matías quería prender fuego un Almacén de Pizzas, y costó un huevo explicarle que acá no existían.

Cuando todo parecía perdido… apareció un héroe inesperado.

Nosotros sabíamos que este pibe tenía futuro. Siempre que lo han criticado por su pasado gourmet y sus constantes recaídas lo hemos salido a bancar. En la radio le armamos el “Confieso que he pecado” para que purifique su alma. Y al fin… llegó el día donde tanta paciencia brindó sus frutos.

JP agarró la batuta, se puso delante de un grupo destruido moralmente y dijo: “Basta de boludeces, vamos a la mejillonera, síganme los buenos.”

LA MEJILLONERA

Un oasis con una barra de aluminio de 25 metros y una canaleta abajo para tirar los mejillones que vas comiendo.

Un montón de humanos pidiendo morfi, todos juntos, a los gritos y con unos mozos que no le pifian ni una sola vez en los platos que despachan.

El que toma el pedido grita: TIGREEEEE! Y un tipo desde la cocina le grita: VA TIGREEEEE! Gran sistema.

Pedimos todo. Mejillones al vapor, a la vinagreta, a la mayonesa, a la mar negra, a las bravas. Un despelote de rico.

Agarrás un mejillón, tapiado con cebolla y perejil, y te lo llevás al buche como si fuera un avioncito de la papilla del bebé. Aaaaaaaadentro!

Le sumamos papas bravas, calamares, bocatas y un montón de cañas + sangrías.

Había tanta emoción que en un brindis alguno dijo una pavada y a Facu le salió sangría con vestigios de mejillón por la nariz.

El equipo había vuelto a encenderse.

Anti-Datazo: nos enteramos que hay 2 métodos de cultivo de los mejillones: el francés y el holandés. A nosotros nos gustan los dos, básicamente porque no sabemos la diferencia.

BARTOLO

Una tremenda barra llena de pinchos, pero esta vez a buen precio. Pedimos unos cuantos que incluyeron una tortilla y nos fuimos atrás a comer tranquilos en un salón amplio.

Paula se fue a quejar de que la tortilla tenía gusto a pescado y le dijeron:

El gusto a pescado te lo has imaginao tu. – gran respuesta y recule de la doña. Ásperos los vascos.

Había un pincho de Txangurro que fue el más elogiado de la tanda.

Seguimos con la combinación de cañas y sangrías. Por eso las patas se aflojaron y empezamos a flaquear.

BAR LA VIÑA

Gaby, que ya conocía San Sebastián, andaba con un nivel emocional de 1000 sobre 1000.

En la escala de emociones llegó a la categoría: Tope of Todo.

Y prácticamente nos amenazó de muerte si no probábamos la Tarta de Queso de la Viña, el postre estrella del lugar.

La verdad que acá no le pifió! Estaba riquísimo y obtuvo un aprobado general de todo el grupo testeador.

A DORMIR

El índice etílico estaba altísimo cuando decidimos emprender la vuelta al departamento.

Matías había perdido su libretita de apuntes. Te agarraba del hombro y te preguntaba cosas como…

Che, ¿no viste mi billetera de escribir?

JP estaba eufórico por su épica actuación y quería ser condecorado como GPS del grupo nuevamente.

Román sé dormía, pero así y todo, continuaba revisando el Home-banking.

Facundo estaba a punto de invocar a la Momia Blanca (su alter-ego bailantero), pero todos trataban de frenarlo.

Todos, menos Matías. Que además de buscar su billetera de escribir, ahora también quería volver en taxi.

Ey! Miren! Ese taxi… parece que está libre.

Es un auto de la policía Mati – le responde Vicky y abraza al reseñador para consolarlo.

Fue duro el regreso, pero llegamos. Después de tanto traqueteo, ruta, peajes, pueblitos, morfi, bajones y altones, por suerte pudimos descansar un poco.

Mañana será otro día. Pero estamos preparados para enfrentar nuevamente a San Sebastián.

Ya compramos el stock completo de Hipoglos en un par de farmacias.

CONCLUSIÓN

Segumos con las reseñas de este hermoso viaje.

Gracias por el aguante.

Salud!